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La invención del centro político

 

Voy a empezar haciendo una aclaratoria. Si el que lea esta entrada al blog espera que fije un punto equidistante entre el chavismo y la oposición, puede dejarlo hasta aquí. A lo largo de casi 30 años, los venezolanos nos hemos movido entre dos extremos que tienen que ver con las formas de ver el mundo, entender la política y relacionarnos entre nosotros. El expresidente Hugo Chávez se encargó de darle, una y otra vez, un giro a la tuerca que terminó por estrangular toda convivencia.

Venezuela quedó en ruinas, sus instituciones destruidas y su economía colapsada. Diría que tenemos que empezar desde cero, lo cual, por pura ironía, tiene sus ventajas. Hay que levantar el edificio de nuestras vidas sobre bases más sólidas, sobre estructuras más resistentes. Va a resultar muy difícil, porque los venezolanos seguimos hipnotizados por un mantra: como vaya viniendo, vamos viendo. Y por ahí lo hemos probado todo, sin persistencia, sin voluntad, sin espíritu de lucha, sin espíritu libertario.

Llegó el momento de alcanzar el mérito sin tanta épica. De dejar de soñar con la renta petrolera y extractiva para identificar sectores de la economía, en los que al menos tenemos probabilidades de alcanzar sostenibilidad, sobre la alianza del capital y el trabajo a partes iguales. No podemos seguir consolándonos con esa frase con la cual nos asumimos como perdedores: “No somos suizos”. No lo somos, pero podríamos aprender algunas lecciones del modelo escandinavo, sabiendo que “No somos suecos”.

Las élites políticas se tienen que preguntar qué van a hacer con la educación y la salud de la población venezolana. Darle al maestro el lugar que le corresponde en la sociedad, porque su misión, que no es otra que impartir conocimiento, nos plantea un dilema existencial. ¿Queremos ocupar un lugar en el concierto de las naciones? ¿O sencillamente vamos a hacer una sociedad paria? Tenemos que buscar la forma en que nos muramos de viejos, y no por enfermedades que pueden evitarse. Y decir las cosas por su nombre, porque hay muchos venezolanos condenados a una muerte anticipada cuando los hospitales no son otra cosa que depósitos de seres humanos agónicos. Sin vida no hay nada.

Sobre la educación y la salud hay que llegar a un acuerdo a largo plazo, cuyos objetivos sean producto del consenso de la sociedad, alrededor de puntos tan importantes como el porcentaje de inversión de nuestro Producto Interno Bruto. Sobre la transparencia y la rendición de cuentas. En Venezuela deberían aplicarse las pruebas PISA (el Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes), para saber dónde estamos y qué tipos de ciudadanos estamos formando.

Mirar el pasado, reconocer las cosas que instintivamente nos identificaban con la idea de ser venezolanos, aunque no fuera una noción del todo clara o definida. Restaurar nuestra soberanía para no perderla más nunca. Acordar normas de convivencia y respeto y trazar líneas rojas para que no perdamos la democracia.

Todo esto es mucho más difícil y menos gratificante que salir a las calles para exhalar deseos de libertad. La libertad comporta responsabilidades. Necesitamos una forma de vida civilizada, sin ataques a nuestra integridad como personas, respetar al que piensa diferente, enterrar las ideologías fallidas y fracasadas, las ideologías que conducen a la supremacía, a la cancelación, al racismo. Venezuela es un país con profundas desigualdades. No necesitamos ni queremos más pobreza.

Quien se meta a la política de una forma sincera, tiene que saber que hay límites que no se pueden cruzar. Quien ejerza el poder tiene que vacunarse contra las tentaciones totalitarias y quien ejerza la oposición tendría que renunciar a los atajos, a los golpes de Estado, a la violencia en todas sus formas, a ejercer una oposición leal con la democracia.

Esto es mucho más difícil que sacar una bandera y hacer bulto en una concentración, sea de cualquier tendencia política. Encontremos una forma que no dispare los automatismos de una emocionalidad que nos llevó a esta guerra simbólica que, sin embargo, dejó un reguero de muertos. Tenemos que encontrar satisfacción en el mérito individual y colectivo. No necesitamos a Bukele, no necesitamos a Chávez. Necesitamos el espíritu de Betancourt.

Una enmienda necesaria (Nota de Redacción)

 

La concentración convocada ayer por María Corina Machado se concentró en la Plaza Salvador Allende, pero a las 4:00 pm, sólo había un pequeño grupo frente al edificio de la Torre Polar, en Plaza Venezuela, lugar inicial de la convocatoria. Tal como lo relaté ayer, en los alrededores del Paseo Colón, más concretamente, a la altura de la estatua del almirante Cristóbal Colón, de la que sólo queda el pedestal, había una concentración del chavismo. Estuve allí, en la Torre Polar, durante 30 minutos, en ese intervalo llegó al lugar un pequeño contingente de personas, que vocearon la consigna: “Elecciones Ya” y que advertían “de aquí no nos movemos”. Momentos después se dirigieron a la Plaza del Soldado Desconocido, donde había pocas personas.

Quizás para evitar un choque entre ambas concentraciones, los organizadores de la oposición decidieron trasladarse hacia el puente que conduce a la Universidad Central de Venezuela, donde había un grupo nutrido de personas. La conclusión de uno de los asistentes es que aún tenemos que crecer. Resultó, sin embargo, una concentración alentadora a favor del llamado a elecciones y del cambio político.

En la ley de la selva, la lógica del que se cree más fuerte es moneda corriente. Y todo esto empezó con aquella consigna que rezaba cada 11 tiene su 13. Así mismo, lo que pudiera interpretarse como un acicate de la oposición, es visto como una oportunidad para que la dirigencia chavista intente recuperar la iniciativa política después de la incursión militar de las fuerzas estadounidenses del pasado 3 de enero.

No es momento de hacer concesiones graciosas. De modificar agendas para satisfacer las bravuconadas de unos dirigentes interesados en prevalecer a la fuerza.  En cambio, hay que organizarse mejor y mantener la comunicación permanente. 

Señora Delcy Rodríguez, presidenta encargada ¿?, ponga orden en su gobierno. Dele instrucciones al ministro de Interior, Justicia y Paz, para que se alinee con los objetivos que usted misma pregona. Si la tan cacareada palabra reconciliación tiene algún sentido, dé la orden para que el chavismo renuncie a esa actitud de echarle leña al fuego.

Señores, háganse el favor

 

Se creó cierta expectativa alrededor de la concentración convocada por María Corina Machado en la Plaza Venezuela. Resultó decepcionante. La gente se concentró en la plaza del soldado desconocido, bajo la bandera de la extinta Unión Soviética. Resultó una imagen francamente distópica.

Las opiniones que recogí de la gente iban, palabras más, palabras menos, por este estilo: nos sabotearon, nos amedrentaron, Dios es más grande que esto. Los chavistas se concentraron alrededor del Paseo Colón, sin mucha novedad: gente traída del interior en autobuses; empleados públicos, mujeres con franelas rosadas, alusivas a la prevención del cáncer de mama.

Mientras pasaban bordeando la concentración opositora gritaban Chávez, Chávez, Chávez… algunas en franca actitud provocadora. O más bien de burla.

Dije cierta expectativa porque la convocatoria la hizo María Corina Machado a través de las redes sociales, con un mensaje que giraba alrededor de estas palabras: Esto es lo que hay, un pueblo en la calle. No fue así. El liderazgo de la líder opositora es más de piel, esencialmente emocional. La comunicación política, vía remota, para este tipo de actividades no funcionó. La tan esperada presión ciudadana no tomó la calle. Ni de lejos lo que vimos en 2017 o 2024. Podríamos esbozar distintas hipótesis frente al fracaso de esta convocatoria. La mía es que la sociedad venezolana sigue desconectada de la política, sigue en modo sobrevivencia, abrumada por la crisis económica. A los venezolanos nos gusta delegar nuestros intereses, nuestras responsabilidades en un líder mesiánico. Parece que no hemos asumido que si queremos rescatar la democracia tenemos que hacer sacrificios, tenemos que ponernos de pie y cruzar el laberinto de barreras y obstáculos que el chavismo se encargará de poner en nuestro camino. La libertad no es un regalo, no es una donación, ni un acto gracioso de generosidad. No es algo que va a caer del cielo. No es un regalo que nos hará el señor Donald Trump. Quiero pensar que la persona que dijo: Dios es más grande que todo esto tiene razón. No podemos esperar que María Corina Machado regrese al país y nos arree como borregos. Tampoco creo que ella se presté para eso. Tenemos una responsabilidad individual y colectiva. Entonces, háganse el favor.

A quienes leen este blog, les pido que lean la siguiente entrada titulada Una enmienda necesaria.