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Zapatero a tus zapatos

 

Las oficinas del expresidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, ubicadas en un segundo piso de un edificio del Partido Socialista Obrero Español, eran lo más parecido a la cueva de Alí Baba. Las joyas de la corona, dinero en efectivo, libretas con anotaciones que ofrecen pistas al juzgado que le ha imputado varios delitos, teléfonos con mensajes de wasap que revelan las gestiones del señor Zapatero para aumentar su fortuna personal. Las averiguaciones del juzgado apuntan a señalar a Zapatero como el vértice de una estructura diseñada para lavar el dinero obtenido de las comisiones que supuestamente cobró a empresas de distintos países. Venezuela, no podía ser de otra manera, aparece mencionada en el auto como parte de los turbios negocios que tienen en el petróleo, el gas, los minerales estratégicos y el oro, las apetecibles piezas que despertaron el apetito del señor Zapatero.

La faena del señor Zapatero es digna de merecer rabo y oreja. Mientras gestionaba la liberación de presos políticos en Venezuela, hacía gestiones diplomáticas y fungía como asesor, dispuesto a brindar información relevante, para fijar el foco en negocios altamente rentables. O para destrabar cuellos de botella en operaciones comerciales y despegar en el avión de la aerolínea, cuyos accionistas son venezolanos.

Realmente, estamos “en un nuevo momento político”, como lo dijo la presidenta encargada Delcy Rodríguez. El trauma, analizado por su hermano, Jorge Rodríguez, psiquiatra y presidente de la Asamblea Nacional, que dejó la “extracción” del señor Nicolás Maduro, ha convertido ha Venezuela en un país teledirigido desde Washington. Las riquezas del país son ahora controladas por los Estados Unidos. Son sus empresas energéticas las que comercializan el petróleo y el gas que se encuentra en las entrañas del sur del país, bordeando la ribera norte del río Orinoco. Los servicios del señor Zapatero para que una empresa china del sector energético, desembarcara en Venezuela, cayeron en saco roto. Esta es una de las cosas que cambiaron el 3 de enero.

Las redes sociales tienen una semana difundiendo información del caso Zapatero, un escándalo que ha sacudido a España hasta los cimientos de su institucionalidad democrática. Es un verdadero tsunami que probablemente se lleve por delante al gobierno del señor Pedro Sánchez, un discípulo del señor Zapatero, y quien ha puesto sus manos en el fuego por él. En la medida en que el juez escarba en las oficinas, computadoras, celulares y correspondencia del líder histórico del socialismo español, van surgiendo nuevas pistas y apellidos de supuestos empresarios que buscaron a Zapatero para coronar en sus negocios.

Uno de los principales amigos del señor Zapatero es el diputado Timoteo Zambrano, quien acaba de ser nombrado como embajador de Venezuela ante el reino de España. Si la justicia penal sentencia a Zapatero, Zambrano lo tendrá fácil para visitarlo en la cárcel y abogar por su libertad. Amor con amor se paga, decía el fallecido presidente Chávez. Al señor Felipe González lo vi sorprendido en un real de X. No le cabía en la cabeza que Zapatero se haya entrenado como financista, operando cuentas opacas, lavando dinero e inscribiendo sociedades en paraísos fiscales.

Los señores de Podemos deben estar nerviosos, no vaya a ser que el cobro de asesorías que en su momento realizaron en Venezuela, se vean reflejados en la libretas y documentos del señor Zapatero.

Todo esto ha servido para saber lo que ya sabíamos. Que, en las negociaciones entre el chavismo y la oposición, el expresidente del gobierno español jugó como el tipo que ponía el imán para que la ruleta favoreciera el color rojo. Lo hizo en los nueve viajes en que visitó el país.

Otra cosa que indigna es que el nombramiento del señor Timoteo Zambrano como embajador en el reino de España se aprobó por unanimidad. La oposición, si se le puede llamar así, que hace vida en la Asamblea Nacional está ahí para hacerse pasar por opositores. En realidad, son chavistas enclosetados. Se adelantaron a la información del Wall Street Journal que da cuenta de que en Venezuela no habrá elecciones mientras el presidente Trump permanezca en la Casa Blanca. ¿Para qué cambiar las cosas si aquí tiene a servidores públicos dispuestos a cumplir sus deseos? La Asamblea Nacional es por antonomasia el lugar que mejor expresa la soberanía popular. ¿Pero qué valor tiene el voto en un país que no tiene soberanía?

Una pregunta ineludible

 

Una señal contradictoria que apunta, no hacia una democratización de Venezuela sino a la profundización del papel que juegan los militares en el país, es la reunión que recientemente sostuvo el ministro de la Defensa, el M/G Gustavo González López, con más de 1000 ingenieros egresados de las distintas disciplinas de la ingeniería para avanzar “en el aporte directo de la institución militar en el desarrollo y la prosperidad económica de la nación”.

Lo que necesita Venezuela es una fuerza armada que garantice la defensa de la soberanía nacional y el control territorial del Estado. Esa es su tarea fundamental, su razón de ser. Las economías ilícitas, en sus formas más variadas, han colonizado varias regiones de Venezuela para ampliar sus negocios y fortalecerse. Uno de los actores más agresivos es la guerrilla colombiana que opera en la región del Catatumbo y a lo largo de la línea fronteriza del estado Apure.

La Constitución de la República Bolivariana de Venezuela abrió la caja de Pandora al reservarle a los militares un papel importante en el desarrollo del país. La militarización de la función pública arrancó en el gobierno del expresidente Hugo Chávez y se profundizó en el de Nicolás Maduro. Y, por los vientos que soplan, parece que esa tendencia se fortalecerá en el gobierno de la presidenta interina Delcy Rodríguez.

La opinión pública merece un debate que aborde los grandes temas pendientes en la reinstitucionalización del país. El mundo civil no puede ser un convidado de piedra. ¿O vamos a seguir en este mundo compartimentado, de zonas grises, inescrutables, en la que hemos vivido durante la era del chavismo?

Electrocutados

 

¿Qué hace la revolución bolivariana cuándo se te apaga el bombillo? Instala un Estado Mayor Eléctrico de Emergencia para gestionar la crisis del sector eléctrico. Se diseña un plan de ahorro de electricidad. En realidad, se trata de un plan de racionamiento eléctrico que deja en la oscuridad al interior del país, con apagones de al menos seis horas de duración. Se emplea la jerga militar para transmitir la sensación de que estamos ante una campaña en el teatro de operaciones que dará un resultado inminente de eficiencia y solvencia en la gestión del sistema eléctrico nacional.

Pero no nos dicen qué ocurrió con las cuantiosas inversiones que se hicieron en la central hidroeléctrica Manuel Piar, mejor conocida como la represa de Tocoma en el río Caroní. Un elefante blanco que se tragó la bicoca de 9.000 millones de dólares, sin haber generado un solo megavatio. Las empresas de la Patria Grande (la brasileña Odebrecht y la argentina Impsa) no pudieron concluir las obras de ingeniería. Tampoco entraron en funcionamiento —aunque algunas lo hacen en forma parcial—las cinco plantas termoeléctricas que estaban destinadas a reforzar la capacidad de generación del país. Y, eventualmente, satisfacer la demanda eléctrica.  

La alemana Siemens y la estadounidense General Electric están listas para rescatar el raquítico sistema eléctrico venezolano, con una inversión de 40.000 millones de dólares. Entonces, será para 2030 que veremos luz. Paciencia. Solo faltan cuatro años.

Alex Saab

 

Alex Saab, el contratista preferido de Nicolás Maduro. Protagonista de un intercambio de presos entre el gobierno venezolano de Nicolás Maduro y el gobierno estadounidense de Joe Biden. Desarrollador inmobiliario, sin obra conocida; gestor de alimentos procesados —de dudosa calidad—, entre empresas mexicanas y los Comités Locales de Alimentación y Producción (CLAP), un dispositivo de doble propósito. Por una parte, le permitió a Saab enriquecerse mediante el cobro de sobreprecios de los distintos productos de consumo masivo y por la otra le permitió al gobierno desarrollar inteligencia electoral en las barriadas de Caracas. En sus ratos libres, Saab fungía como empresario. Además, tenía las piezas que le sirvió para crear la arquitectura financiera para burlar las sanciones del gobierno de Estados Unidos.

Saab sabe demasiado. Seguramente, guarda en sus archivos electrónicos copia de todas las transacciones bancarias que llenaron las cuentas del entorno que rodeó a Maduro durante sus 10 años de gobierno. Saab es el cerebro del saqueo y el mayor desfalco que registra Venezuela en toda su historia republicana. Su traslado a Miami no se hizo mediante una fórmula legal, una extradición o una deportación, por ejemplo. No, fue una “extracción” consentida por el gobierno de Delcy Rodríguez. A nadie le importó. Pero lo que refleja este hecho es que en Venezuela no hay estado de Derecho. Entonces, no podemos contar este episodio como parte de un cambio de actitud, sino como la prolongación del desconocimiento de la ley que caracterizó al gobierno del señor Nicolás Maduro. Y la pregunta es si esto debería preocuparnos.

En estos momentos, Saab debe estar buscando un acuerdo con la fiscalía de Nueva York para conseguir una reducción de los cargos que, seguramente, le serán imputados. Serán toneladas de documentos. Muchos integrantes del séquito de Maduro van a comenzar a temblar, porque un frente frío del polo norte llegara a las costas de esta Tierra de Gracia.

Así como en Chile existe un Museo de la Memoria, en Venezuela debería inaugurarse un Museo de la Corrupción. El Helicoide sería una instalación ideal para tal fin. Es lo suficientemente grande para exponer el latrocinio de los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro. Con una sección que incluya los espacios donde se torturaron a los presos de conciencia, donde se cometieron todo tipo de violaciones de Derechos Humanos. Y donde varios venezolanos murieron por pensar diferente.

¿Es en serio?

 

A los hermanos Delcy y Jorge Rodríguez se agrega el diputado Nicolás Maduro Guerra, el hijo de Nicolás Maduro, quien enfrenta una causa penal en un tribunal de Nueva York. Me refiero a lo que han dicho cada uno de ellos, respectivamente y en orden cronológico: (Venezuela) vive un “nuevo momento político” frase utilizada por Delcy Rodríguez, presidenta encargada, después de la ilegal y humillante operación militar de Estados Unidos; “supéralo, perdónanos y vuelve”, palabras dichas por Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional y, más recientemente, “el movimiento debe pedir perdón por los “excesos” cometidos por la policía y el sistema judicial venezolano”, quien intervino en esta ocasión fue el diputado Nicolás Maduro Guerra, hijo del señor Nicolás Maduro Moros, encarcelado y procesado por un tribunal de Nueva York.

En Venezuela nos cuesta pensar con cabeza fría, por diversas razones que no viene al caso enumerar (aunque la lista de crímenes, desmanes, atropellos, denegación de justicia, discriminación, arbitrariedades, despojos, es más larga que la guía telefónica), pero toca mirar hacia adelante. Me gustaría pensar —con la cabeza menos caliente—, que lo dicho por estos dirigentes del chavismo pudiera interpretarse como “un cambio de actitud”, lo que a veces enciende la luz verde para dar inicio a una transición democrática. Quisiera pensar, además, que hay algún tipo de negociación —secreta o no, eso es irrelevante—, moderada por los Estados Unidos para que esa transición se ejecute en un lapso perentorio.

Los traumas se superan, como lo dijo el psiquiatra Jorge Rodríguez, y, en el proceso, seguramente dejan un aprendizaje, pero hasta dónde tengo conocimiento no forman parte de ningún plan docente o de enseñanza. El castigo físico, la tortura psicológica, las presiones persecutorias, fueron suprimidas del sistema escolar, porque eran caldo de cultivo para el resentimiento y la venganza. No creo haber aprendido de un trauma. Y si a ver vamos, diría que hubiese querido no haberlo vivido. El trauma nos deja una herida y en el mejor de los casos, ya superado, una cicatriz, que por lo general es un recuerdo ingrato.

El perdón no significa nada sin justica. Esto es lo que hay que recordarles tanto al señor Rodríguez como al señor Maduro Guerra. En Venezuela no ha habido justicia. Solamente una Ley de Amnistía que ha sido cuestionada por las organizaciones que defienden los Derechos Humanos. Libertad con medidas cautelares no es libertad. Esto no se puede resolver en el confesionario de una Iglesia y menos con una penitencia que podría ser un Padre Nuestro y tres Ave María.

Hablamos de justicia transicional porque hubo crímenes de lesa humanidad. Están documentados por los informes de la Comisión de Determinación de Hechos de Naciones Unidas. Y la justicia, como ocurrió en Argentina, Chile y Brasil, llega tarde, pero llega. Habrá que romper la larga tradición de impunidad que registra Venezuela en la violación a los Derechos Humanos. ¿Será esto posible?

La vuelta del perro

 

La justicia en Venezuela fue siempre una actividad marginal, sin soporte institucional, teledirigida por el Palacio de Miraflores. Quizás la creación del Ministerio de Justicia nos dé una pista, corría entonces el año 1952. En la línea de tiempo de la república de Venezuela, la justicia fue elevada a rango ministerial luego de 122 años. Y lo hizo un militar, que violó los Derechos Humanos cuando y como quiso.

No podemos sentirnos orgullosos del flaco servicio que el caudillismo y el militarismo le ha hecho a la justicia. Siempre ha sido un estorbo para el ejercicio del poder autoritario. Y a esta hipótesis no escapa el período democrático de apenas 40 años. Hubo, sin embargo, episodios de independencia judicial. No me voy a referir al juicio al expresidente Carlos Andrés Pérez, que no fue justicia sino una vendetta aupada por su propio partido, Acción Democrática. Más que a la independencia del ejercicio del poder judicial, voy a referir una inferencia que me hizo un magistrado del extinto Consejo de la Judicatura, a propósito del funcionamiento de la llamada tribu de David, encabezada por David Morales Bello. La Corte Suprema de Justicia había tomado una decisión que no era del agrado (quizás porque no favorecía sus intereses) del dirigente adeco. Se produjo la llamada telefónica, atendió la magistrada Cecilia Sosa y lo que le escuchó el otro magistrado fueron estas palabras: Lo siento, pero acabo de firmar la sentencia. Lo curioso es que Sosa lo dijo mientras firmaba cada una de las páginas del fallo en cuestión.

Quizás no ha habido una separación real de los poderes públicos, tal como la hemos deseado desde 1830. Pero sí hubo demostraciones de independencia del poder judicial. Sin la menor duda, no era suficiente, pero lo estamos extrañando, tanto como extrañamos la democracia que fundó el único estadista del siglo XX venezolano, Rómulo Betancourt.

Dentro de los cambios cosméticos que adelanta el chavismo, con el propósito de aparentar una transición a la democracia, se adelanta una reforma del Tribunal Supremo de Justicia para elevar el número de magistrados de 20 a 32. En el relato del presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, se busca una mayor eficiencia y destrabar el número de causas que se acumulan en las diferentes salas del TSJ. Pero la verdadera razón que motiva al chavismo es abrir espacios a nuevos magistrados y suplentes que provengan de la oposición que les hace el juego en la Asamblea Nacional. Volvemos a lo mismo. Es la vuelta del perro que se muerde la cola.

El grillo que aprisiona a Venezuela

 

Cada vez más cruel, más hiriente, más espeluznante. El mismo día en que la presidenta encargada —¿Quién sabe hasta cuándo?— dice que tiene información de las coimas que cobraron varios jueces para entregar boletas de excarcelación de personas secuestradas por el Estado en las cárceles del inframundo, se exhuman los restos de Víctor Hugo Quero, víctima del sadismo, la impunidad y la confabulación del podrido sistema de justicia que el chavismo plantó en Venezuela desde el año 1998.

Hugo Chávez juró sobre la moribunda constitución y el genio del monstruo salió de la botella para ensangrentar a Venezuela y someterla al saqueo más extendido y abyecto de toda su historia. No hay un solo espacio público que no esté contaminado por la sevicia y el latrocinio. Y todo esto va a continuar porque no hay un jodido indicio de que el famoso “nuevo momento político” se traduzca en un poco de decencia.

Es sorprendente la mezcla de mediocridad y maldad que se ha configurado desde el 4 de febrero de 1992. Da asco que se celebre esa fecha como el día de la dignidad nacional. ¿Cómo carajo vamos a conmemorar el 3 de enero? ¿Qué propuesta puede venir del cerebro propagandístico del gobierno? ¿Puede esta república de albañal llevar el apellido de Simón Bolívar? ¿Y qué carajos tiene que pasar para que estos señores entreguen el poder? Esto no es otra cosa que continuismo. Entonces, el problema no era Nicolás Maduro. Es el sistema, es el régimen político, creado por el señor Hugo Chávez.  

El satélite del salón de baile de Donald Trump

 

El presidente Trump ha dicho que la gente “está bailando en Caracas”. Obviamente, habla en sentido figurado. A menos que el baile tenga lugar en las instalaciones del hotel Marriot, donde se cocinan los negocios entre Venezuela y Estados Unidos y donde además se realizan algunas actividades propias de la delegación diplomática estadounidense. O tal vez el presidente imagina una sesión de baile de las cuales tendremos noticias cuando culminen las obras del Salón de Baile de Estado que actualmente se construye en el Ala Este de la Casa Blanca.

Al momento en que escribo esto “se ha permitido la liberación de 3.000 millones de dólares, acompañada de auditorias internacionales”. El venezolano de a pie, adiestrado en la captura de rentas durante más de un siglo, no tiene la más mínima idea de cuál es el mecanismo que le permite acceder, no digo a un billete con la efigie de Benjamín Franklin, sino al que tiene el rostro grabado de George Washington.

Después de 27 años de chavismo y de fracasos y divisiones de la oposición política, los venezolanos se han convertido en seguidores del Evangelio según el apóstol Juan, en el cual narra la incredulidad de santo Tomás, quien puso en duda la resurrección de Jesucristo. Tenemos muchas razones para ser incrédulos, para no confiar, para decir, como Tomás, “ver para creer”.

Se habla de una rápida transformación institucional. Es una aseveración extremadamente optimista. No hay tal cambio en la naturaleza del Estado venezolano. El control político, objetivo señalado por la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, sigue en manos del chavismo. Hasta el día de hoy —9/05/2026 no hay un solo indicio que nos permita avizorar que Venezuela transita hacia la democracia. Eso no ha pasado. Un cambio de actitud podría ser una buena señal, pero no la veo en el horizonte. Quizás me equivoque. Quisiera pensar que es así.

Todas las expectativas se han puesto sobre el potencial que ofrece Venezuela como reserva energética. La producción podría alcanzar seis millones de barriles de petróleo diarios, si se realizan las inversiones que rondan los 400.000 millones de dólares. Es una carnada apetecible para empresas como Exxon Mobil y Chevron, cuyos presidentes cenaron esta semana con el presidente Trump. El abrazo con los Estados Unidos será largo. De aquí a la eternidad.

Suena bien, ¿No? Pero hay un problema, siempre lo hay. De esos 3.000 millones de dólares liberados, no hay noticias de que ese dinero haya llegado a los venezolanos. Quizás hayan servido para amortiguar la persistente inflación que agota, día a día, el bolsillo de la gente. Quizás sea la paradoja del modelo neoliberal: Crecimiento económico sin bienestar social. O quizás sean ambas cosas. Venezuela es el país de los sinsentidos.  

Entonces, presidente Trump, no creo que la gente esté de ánimos para bailar en Caracas.

El récipe del doctor Rodríguez

 

La estampida de los venezolanos, cansados de la falta de oportunidades, la represión, las violaciones a los derechos humanos, la permanencia tramposa del chavismo en el poder, ha convertido a Venezuela en la China de América Latina. Son ocho millones de compatriotas en los cinco continentes. Gente acosada por el hambre, por las enfermedades, por lo que vislumbran como una condena a muerte anticipada. Ancianos y niños que dependen de las remesas que puedan enviar sus seres queridos en edad productiva. ¿La figura de la madre es importante en la familia? ¿Y la ausencia del padre? Niños que a veces dependen de una tía, de una abuela, de una comadre o una amiga de la familia. A veces el aprendizaje es en la calle, que suele ser cruel con las equivocaciones y con las personas más vulnerables. La conexión de wasap es el hilo invisible que establece, al menos, un vínculo remoto y una vida familiar virtual. El costo de un boleto entre Caracas y Sídney, por ejemplo, varía entre 1.500 y 4.000 dólares. El lapso del vuelo varía entre 29 horas y más de 50 horas.

¿Cuándo será el encuentro cara a cara? Esa es la pregunta que muchos venezolanos se hacen. Vivimos bajo un continuo estrés y bajo una realidad objetiva que pone a prueba nuestra capacidad de resiliencia. Y justo aquí es cuando la receta del doctor Jorge Rodríguez viene a alegrarnos el día. “Supéralo, perdónanos y vuelve”. Tanto como decir pasa la página y ya.

Con antelación, Jorge Rodríguez, psiquiatra y presidente de la Asamblea Nacional, dijo que los venezolanos tenemos que aprender del trauma que dejó la operación militar, ejecutada el 3 de enero, por las fuerzas militares estadounidenses. Un trauma deja heridas, a veces irreparables, y superarlo le impone a quien lo sufre una reconexión entre la psiquis y el organismo, entre el pensamiento y el espíritu. La primera víctima de un trauma es nuestra salud mental. ¿Cuántos venezolanos pueden superar el trauma de la ruptura, del descalabro familiar, sin la terapia psicológica o psiquiátrica necesaria? ¿Cuántos se pierden en el alcoholismo? ¿Cuántos se sumergen en la depresión?

Mientras escribo esta nota recuerdo la lectura de Crimen y Castigo, la gran novela de Dostoievski. Para el joven Raskólnikov, el asesinato que cometió se convirtió en un trauma. Pero Sonia y la figura de Dios, lo ayudaron a restablecer ese equilibrio, esa armonía, entre cuerpo y espíritu. Hay que mirarse en ese espejo y preguntarse si contamos con las herramientas para superar el trauma, en las más variadas acepciones, que nos ha dejado el chavismo desde el 4 de febrero de 1992. Gente que perdió la vida, gente que fue torturada, apresada injustamente, vejada y violada en las cárceles, gente que perdió su trabajo o fue congelada en la administración pública, gente que perdió sus bienes. Esto tiene mucho de genocidio. Su hermana, doctor Rodríguez, confesó que estaba del lado del chavismo (junto al poder) para cobrar venganza. La muerte de su padre a manos de dos torturadores en los sótanos de la Disip debió dejar un trauma muy profundo. Viendo estos antecedentes y su récipe médico, surge una pregunta. ¿Ustedes (los hermanos Rodríguez), realmente, han superado ese trauma? Entonces, además de venganza, crueldad. No eche sal a la herida. No hace falta.

Pedir Demasiado

 

A partir del 3 de enero, por obra y gracia de una funesta agresión de los Estados Unidos a la independencia y soberanía nacional, “se inauguró (en Venezuela) un nuevo ciclo histórico orientado a la superación del extremismo y la falta de convivencia”, la cita corresponde a la intervención que hiciera la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, en un encuentro con distintos factores de la vida nacional en Valencia, capital del estado Carabobo.

¿Una nueva era deslastrada del desastroso legado del chavismo? Es muy difícil imaginar que esto ocurra bajo “el control político” que el chavismo quiere mantener a toda costa. Darles el beneficio a los herederos del señor Nicolás Maduro, al frente del Estado y del poder Ejecutivo, es pedir demasiado, si no imposible para una generación de venezolanos que hemos vivido —y seguimos sobreviviendo— en esta tragedia de dimensiones épicas.

Rodríguez habló de superar el extremismo y la falta de convivencia. Hay que reconocerle que ha dado pasos en ese sentido. Sacó de la parrilla del canal 8 el programa La Hojilla, conducido por Mario Silva. Ese programa era una especie de trituradora industrial que, en términos simbólicos, molió, como si se tratase de carne vacuna, reputaciones, iniciativas, propuestas políticas, con un lenguaje deplorable que embruteció a muchos venezolanos. Y la pregunta es cuándo va a hacer lo propio con el programa de Diosdado Cabello, con El Mazo Dando, cuyo equipo de “patriotas cooperantes” habría que buscarlos, como primera opción, en los servicios de inteligencia que monitoreaban la vida de políticos opositores durante las 24 horas del día. Y como en las películas, un televidente podía intuir que Cabello conocía qué comían, cuándo dormían, cuántas veces iban al baño los adversarios —entendidos entonces como mortales enemigos— de la causa chavista. Es difícil lo que nos pide la presidente encargada. No olvidemos que, a Mario Silva, por ejemplo, lo avalaron desde la jefatura del Estado, tanto el expresidente Hugo Chávez, como Nicolás Maduro, “extraído”, por un comando de élite del ejército de los Estados Unidos.

Me cuento, como muchos venezolanos, entre quienes mostraron su rechazo a la aplicación de las sanciones, económicas y financieras, de lo que ya era una vida miserable. Abolir las sanciones no está en nuestras manos, es la baza que tiene los Estados Unidos para presionar a favor de sus intereses. Quisiera pensar —hay tantas cosas que quisiera y nunca se han dado—, que el restablecimiento de la democracia es cosa del interés de los Estados Unidos. Pero educado en el chavismo, soy como Santo Tomás, ver para creer. No confío en casi nada y cuando salgo a la calle, entendida como el espacio público, por excelencia, en nadie.

Rodríguez también habló de “sanación política” para dejar atrás “la génesis del odio y el fascismo”. Odio siempre ha habido en la vida política venezolana. Si al voleo vemos lo que ocurrió en el siglo XIX, pues ¿Qué podemos decir? Nada. Está en la psiquis colectiva. En las persecuciones, en las detenciones, en los asesinatos. En el Castillo de Puerto Cabello, en el Cuartel San Carlos, en el antiguo edificio de la Disip de Los Chaguaramos y en El Helicoide. Entonces, no le falta razón a la señora Delcy Rodríguez.

¿Fascismo? Diría que no está en la cuenta del balance que hace la presidenta encargada. Al general Isaías Medina Angarita lo acusaron de tener un filo fascista, raro para un gobernante que legalizó al Partido Comunista. Yo tendría en cuenta, más bien, la sentencia de Guillermo Cabrera Infante: “el comunismo es el fascismo de los pobres”.

En otro segmento de su discurso, Rodríguez habló de la necesidad de trabajar “sin cálculos personales y partidistas, priorizando el diálogo con sectores productivos como Fedecámaras y organizaciones políticas para abordar temas críticos como el sistema eléctrico nacional”.

Por iniciativa del ingeniero José María de Viana, quien esto escribe, realizó, en 2023 una serie de entrevistas enfocadas en recordar y poner de relieve el aporte del sector empresarial en el desarrollo de Venezuela. Leí una serie de ponencias que los capitanes de empresa presentaron en 1963 en la ciudad de Maracay, en el último año del segundo gobierno de Rómulo Betancourt. Obviamente, los empresarios venezolanos estaban preocupados por la influencia de la Revolución Cubana en Venezuela. La obsesión del señor Fidel Castro por hacerse con el petróleo venezolano. Su apoyo irrestricto y en todos los órdenes a organizaciones políticas de ultraizquierda que querían imponer el socialismo —preámbulo del fascismo de los pobres — en el país. Recordemos que por aquí pasó el general Arnaldo Ochoa, posteriormente fusilado por órdenes de Fidel Castro. De esos barros vinieron estos lodos, en los que nos encontramos inmersos.

De esas ponencias, recuerdo la de Eugenio Mendoza, un hombre visionario. En Maracay presentó una radiografía de las deplorables condiciones de salubridad que había entonces en Venezuela. Contrató a varios especialistas de Estados Unidos para que levantaran, mediante información comprobable y verificada, los estragos de enfermedades infectocontagiosas, cuya prevención era una tarea pendiente. La vilipendiada democracia de la IV república se encargó de construir una red de hospitales que sanaron enfermedades y garantizaron salud a los venezolanos.

Los empresarios venezolanos del siglo XXI están más próximos a la visión del magnate Donald Trump. Más interesados en ver oportunidades de inversión en sectores altamente productivos. Es una forma legítima de entender los negocios y de generar riqueza. ¿Y su responsabilidad social con el país? Hay valiosos ejemplos que mantienen vivo este propósito, esta forma de entender y ver la actividad empresarial. Pero, la acción generalizada del sector empresarial, actualmente, palidece frente a las grandes preocupaciones que se debatieron en Maracay.

Rodríguez habló del sector eléctrico. Mirar hacia adelante, sabiendo que el sector eléctrico fue una fuente colosal de corrupción durante los gobiernos de Chávez y Maduro, es al menos inquietante, digamos, por lo reciente, por la magnitud de los recursos involucrados, por la tragedia que ha causado y por la oscuridad a la que ha sido condenada gran parte de Venezuela.

Entonces sí, es pedir demasiado.