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Fumando espero

 

El famoso nuevo momento político del que habló la señora Delcy Rodríguez, a la sazón presidenta encargada de Venezuela, una vez que los Estados Unidos derrocaron al señor Nicolás Maduro, no ofrece un solo indicio de que Venezuela pueda recuperar la democracia. Rodríguez ha sacudido el árbol, pero hasta ahora sólo han caído frutas rojas rojitas.

Se ha utilizado el aparato del Estado, caracterizado por una sólida concentración en manos del poder Ejecutivo, para renovar una serie de instituciones, entre otras, el Ministerio Público, la Defensoría del Pueblo y la anunciada purga del Tribunal Supremo de Justicia -ya veremos que ocurre con el Comité de Postulaciones-. Para ello se ha utilizado la aplanadora que controla el chavismo en la Asamblea Nacional, sin mucho apegó a lo establecido en la Constitución. Las designaciones, tanto en el gobierno como en el aparato del Estado, no son producto de una negociación política, sino del férreo empecinamiento del chavismo para mantenerse en el poder. Tampoco hay el menor indicio de que los Estados Unidos aprueban estas designaciones. Y diría más, de que estén interesados en la democratización del país. Mucho de lo que se ha hecho es para favorecer el clima de negocios y la política transaccional —ojo, no confundir con transicional—, que es una característica muy propia del gobierno del presidente Donald Trump.

La idea gatopardiana de que esto cambió para seguir igual es una impresión generalizada en el país. La expectativa de que “la extracción” de Maduro iba a reflejarse en una mejora del poder adquisitivo de la gente es una nueva frustración entre los venezolanos. Habrá un aumento del salario mínimo esta misma semana, pero la medida es extemporánea y como parte de nuestra cultura política es un viejo tic de la vilipendiada IV República.

De ahora en adelante, todas las operaciones que se hagan en el exterior con los activos del Banco Central de Venezuela serán auditadas por una empresa privada de Estados Unidos. Se toma esta decisión para recuperar la confianza de los agentes económicos y darle transparencia a la opacidad que ha caracterizado a la gestión del chavismo. Quizás los economistas puedan hablar con certeza de indicadores macroeconómicos, sin emplear modelos teóricos e información obtenida off the record. Quizás no sean encarcelados por revelar las magnitudes del abismo en el que hemos caído, la prueba más fehaciente de que el mal está hecho.

No hay concesiones desde arriba, no hay presión desde abajo. No hay transición dentro de una transición. La ley de amnistía debe ser el peor ejemplo de cómo no hacer las cosas, si queremos buscar justicia y reparación a las víctimas. No hay una sola señal que indique que el poder militar está subordinado al poder civil. Sigue el acertijo: Chávez sacó a los militares a la calle ¿Y quién o quienes los van a regresar de vuelta a los cuarteles?

La gente sigue enfocada en la supervivencia, desconectada de la política. No le importamos a los chavistas, a los opositores. ¿Le importamos a los Estados Unidos? Creo que por razones obvias no deberíamos plantearnos esa pregunta.   

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