Cada vez más
cruel, más hiriente, más espeluznante. El mismo día en que la presidenta
encargada —¿Quién sabe hasta cuándo?— dice que tiene información de las coimas
que cobraron varios jueces para entregar boletas de excarcelación de personas
secuestradas por el Estado en las cárceles del inframundo, se exhuman los
restos de Víctor Hugo Quero, víctima del sadismo, la impunidad y la
confabulación del podrido sistema de justicia que el chavismo plantó en
Venezuela desde el año 1998.
Hugo Chávez juró
sobre la moribunda constitución y el genio del monstruo salió de la botella
para ensangrentar a Venezuela y someterla al saqueo más extendido y abyecto de
toda su historia. No hay un solo espacio público que no esté contaminado por la
sevicia y el latrocinio. Y todo esto va a continuar porque no hay un jodido
indicio de que el famoso “nuevo momento político” se traduzca en un poco de
decencia.
Es sorprendente
la mezcla de mediocridad y maldad que se ha configurado desde el 4 de febrero
de 1992. Da asco que se celebre esa fecha como el día de la dignidad nacional. ¿Cómo
carajo vamos a conmemorar el 3 de enero? ¿Qué propuesta puede venir del cerebro
propagandístico del gobierno? ¿Puede esta república de albañal llevar el
apellido de Simón Bolívar? ¿Y qué carajos tiene que pasar para que estos
señores entreguen el poder? Esto no es otra cosa que continuismo. Entonces, el
problema no era Nicolás Maduro. Es el sistema, es el régimen político, creado
por el señor Hugo Chávez.
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