El regreso al
país (aunque sea por unas horas), de Dinorah Figuera pudiera interpretarse como
una señal que apunta a la transición democrática que tanto anhelamos los
venezolanos. En la reunión que sostuvo con Jorge Rodríguez se acordó crear una
mesa técnica y política para allanar el camino que nos lleve a un proceso
electoral. Además de crear las condiciones para restablecer el ejercicio de la
libertad de expresión en Venezuela. Una cosa va con la otra. Es decir, no puede
haber elecciones sin libertad de expresión.
La mesa tendrá
una composición paritaria. Y esto también es una señal positiva. Sus
integrantes tendrán que llegar a acuerdos consensuados, más allá de las
diferencias irreconciliables que han larvado la crisis política a lo largo de
casi 30 años.
Apenas poner pie
en el aeropuerto de Maiquetía, Figuera dijo que su presencia en Venezuela
respondía a un llamado que le hiciera John Barret, el encargado de negocios de
la embajada de Estados Unidos. Esto nos deja en claro que serán los Estados
Unidos el factor que modere la transición política hacia la democracia. En esta
oportunidad, no habrá una ventana para que el chavismo eluda los compromisos a
los que se llegue en la mesa de negociaciones. No va a ocurrir lo de República
Dominicana, donde se llegaron a acuerdos que luego fueron incumplidos. Big
Brother se encargará de que esto no pase. Esto podría ser una garantía,
pero también pone de manifiesto la injerencia que juega la Casa Blanca en los
asuntos internos de Venezuela. La responsabilidad de que esto sea así recae exclusivamente
en el chavismo, entre otras cosas, porque se robaron las elecciones del 2024. Y
esto sólo fue posible porque en Venezuela no hay estado de derecho, ni
separación de poderes. No hay democracia.
A lo largo de la
semana, vimos igualmente una señal totalmente opuesta. El número dos del
chavismo, el señor Diosdado Cabello se rodeó de más de 70 altos oficiales de los
distintos componentes del ejército venezolano. ¿Para qué? ¿Para recordarnos que
los militares son los únicos que pueden mantener el control del territorio y la
seguridad ciudadana? ¿Para decirnos que en una eventual transición a la
democracia los uniformados verde oliva tienen voz y voto? ¿Para invocar el
derecho que se abrogan los militares de ser los garantes de la vida nacional? ¿O
para decirnos que no habrá justicia transicional, ni castigo a los militares
incursos en violaciones a los Derechos Humanos? Sería penoso y una nueva
humillación que sea Estados Unidos el que devuelva a los militares venezolanos
a sus cuarteles. Por cierto, el ministro de la Defensa, el general en jefe,
Gustavo González López ha dicho que la soberanía de Venezuela “no es negociable”,
pero la dinámica geopolítica posterior al 3 de enero se encarga de decirnos que
Venezuela perdió una parte sustancial de su soberanía.
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