Hay que navegar
en la red para darse una idea, por imprecisa que sea, para entender o tratar de
entender lo que ocurre en Venezuela. Apenas son pistas o pinceladas, todas
ellas fragmentadas, porque vivimos en un laberinto.
Recientemente, el
señor Marco Rubio, secretario de Estado de los Estados Unidos, dijo que “por
primera vez en la historia se estaba profesionalizando la industria petrolera
venezolana”. No me extrañaría que el señor Rubio desconozca qué lugar ocupa
Venezuela en la geografía mundial. A los Estados Unidos les gusta mirarse el
ombligo. Sé de profesores activos en las aulas universitaria que se lamentan
porque sus alumnos no saben apuntar con el dedo dónde queda en el mapa mundi un
país como Colombia. El desconocimiento empieza por ahí. Por lo elemental. Para
el señor Rubio, la historia de Venezuela empezó el 3 de enero de 2026. No
importa que una empresa como PDVSA, antes de que la desvalijaran los chavistas,
produjera 3,2 millones de barriles diarios. Que muchos de los 20.000 empleados,
que fueron despedidos de la forma más ruin y malandra que se pueda uno
imaginar, hayan emigrado a México, a Colombia, a Noruega para aportar sus
competencias profesionales en el sector energético de esos países. Pero es
cierto, el que se somete merece desprecio.
El presidente de
la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, se queja porque el sacó de cemento en
Venezuela cuesta entre 32 y 37 dólares. “No puede ser”, dijo durante una visita
al estado Trujillo, donde se produce buena parte del cemento que se comercializa
en Venezuela. Y luego, en el tono que caracteriza al chavismo, copiado del
guapetón de barrio, la némesis de Eudomar Santos, agregó: “Señora diputada
América Pérez, al llegar a la ciudad de Caracas, me cita a los turcos esos que
están con la cosa del cemento y me los lleva para mí oficina”. El poeta,
narrador, psiquiatra y operador político, quizás olvida que, en la construcción
del mundo multipolar, el expresidente Hugo Chávez, fue quien estrechó los lazos
con Turquía, una potencia emergente del Sur Global. Quizás para el señor
Rodríguez la historia de Venezuela también empezó el 3 de enero. ¿Qué papel
juega en el mercado venezolano la Corporación Socialista del Cemento? ¿Puede
incidir en los precios de un producto vital para la industria de la construcción
y de las infraestructuras? Al parecer, no tiene ninguna incidencia y todo se va
a resolver en la oficina del señor Rodríguez en la Asamblea Nacional. Le
bastará un jalón de orejas a los turcos esos. Google avisa que, en
Colombia, un bulto de cemento de 50 kilos cuesta entre 8,40 y 9,15 dólares. Que
grandes beneficios nos trajo la estatización del cemento en Venezuela.
Leo en el diario El Espectador de Colombia una nota muy curiosa. No había escuchado el nombre del banquero francés, Matttieu Pigasse, quien suena para reestructurar la abultada deuda pública venezolana. Pigasse, un abanderado de la izquierda francesa, ya hizo lo propio en otros países, Argentina, Ecuador y Grecia. Pero nada es gratis, sobre todo a partir del 3 de enero, Según Wall Street Journal y Le Monde, el banquero francés llega por influencia de un intermediario de Donald Trump, presidente de los Estados Unidos. El dinero es como el agua, fluye y busca su cauce, además, se lleva por delante las franquicias de la izquierda y de la derecha. Dice la información que Pigasse es un viejo amigo de Delcy Rodríguez, la presidenta encargada —¿hasta cuándo?—, de esta Tierra de Gracia. Cosas veredes, Sancho, dijo el Quijote.
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