Una señal
contradictoria que apunta, no hacia una democratización de Venezuela sino a la
profundización del papel que juegan los militares en el país, es la reunión que
recientemente sostuvo el ministro de la Defensa, el M/G Gustavo González López,
con más de 1000 ingenieros egresados de las distintas disciplinas de la
ingeniería para avanzar “en el aporte directo de la institución militar en el
desarrollo y la prosperidad económica de la nación”.
Lo que necesita
Venezuela es una fuerza armada que garantice la defensa de la soberanía
nacional y el control territorial del Estado. Esa es su tarea fundamental, su
razón de ser. Las economías ilícitas, en sus formas más variadas, han
colonizado varias regiones de Venezuela para ampliar sus negocios y
fortalecerse. Uno de los actores más agresivos es la guerrilla colombiana que
opera en la región del Catatumbo y a lo largo de la línea fronteriza del estado
Apure.
La Constitución de
la República Bolivariana de Venezuela abrió la caja de Pandora al reservarle a
los militares un papel importante en el desarrollo del país. La militarización
de la función pública arrancó en el gobierno del expresidente Hugo Chávez y se
profundizó en el de Nicolás Maduro. Y, por los vientos que soplan, parece que
esa tendencia se fortalecerá en el gobierno de la presidenta interina Delcy
Rodríguez.
La opinión
pública merece un debate que aborde los grandes temas pendientes en la
reinstitucionalización del país. El mundo civil no puede ser un convidado de
piedra. ¿O vamos a seguir en este mundo compartimentado, de zonas grises,
inescrutables, en la que hemos vivido durante la era del chavismo?
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