Alex Saab, el
contratista preferido de Nicolás Maduro. Protagonista de un intercambio de
presos entre el gobierno venezolano de Nicolás Maduro y el gobierno
estadounidense de Joe Biden. Desarrollador inmobiliario, sin obra conocida;
gestor de alimentos procesados —de dudosa calidad—, entre empresas mexicanas y
los Comités Locales de Alimentación y Producción (CLAP), un dispositivo de
doble propósito. Por una parte, le permitió a Saab enriquecerse mediante el
cobro de sobreprecios de los distintos productos de consumo masivo y por la
otra le permitió al gobierno desarrollar inteligencia electoral en las
barriadas de Caracas. En sus ratos libres, Saab fungía como empresario. Además,
tenía las piezas que le sirvió para crear la arquitectura financiera para burlar
las sanciones del gobierno de Estados Unidos.
Saab sabe
demasiado. Seguramente, guarda en sus archivos electrónicos copia de todas las
transacciones bancarias que llenaron las cuentas del entorno que rodeó a Maduro
durante sus 10 años de gobierno. Saab es el cerebro del saqueo y el mayor
desfalco que registra Venezuela en toda su historia republicana. Su traslado a
Miami no se hizo mediante una fórmula legal, una extradición o una deportación,
por ejemplo. No, fue una “extracción” consentida por el gobierno de Delcy
Rodríguez. A nadie le importó. Pero lo que refleja este hecho es que en
Venezuela no hay estado de Derecho. Entonces, no podemos contar este episodio
como parte de un cambio de actitud, sino como la prolongación del
desconocimiento de la ley que caracterizó al gobierno del señor Nicolás Maduro.
Y la pregunta es si esto debería preocuparnos.
En estos
momentos, Saab debe estar buscando un acuerdo con la fiscalía de Nueva York
para conseguir una reducción de los cargos que, seguramente, le serán
imputados. Serán toneladas de documentos. Muchos integrantes del séquito de
Maduro van a comenzar a temblar, porque un frente frío del polo norte llegara a
las costas de esta Tierra de Gracia.
Así como en Chile
existe un Museo de la Memoria, en Venezuela debería inaugurarse un Museo de la
Corrupción. El Helicoide sería una instalación ideal para tal fin. Es lo
suficientemente grande para exponer el latrocinio de los gobiernos de Hugo
Chávez y Nicolás Maduro. Con una sección que incluya los espacios donde se
torturaron a los presos de conciencia, donde se cometieron todo tipo de
violaciones de Derechos Humanos. Y donde varios venezolanos murieron por pensar
diferente.
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