Respira, cuenta
hasta 10, tómate un té. Entonces, me doy cuenta de que hago las veces de un
domador de circo para contener las peores emociones que puedo albergar en mi
corazón: rabia, odio, racismo, venganza… todo en un coctel que es tan
desagradable como una sección de quimioterapia. Quiero creer que hay un futuro
y luego me digo. ¿En qué carajos estoy pensando si mi zona de confort es el
pesimismo?
Entonces, respiro
y cuento hasta 10 (el té lo dejo para más tarde), busco en mis archivos la
entrevista que le hice a Abraham Lowenthal, profesor de la Universidad del Sur
de California y coautor del libro Transiciones Democráticas. Busco
respuestas para una realidad política que es más incierta que la página en
blanco. Dice el profesor Lowenthal que las transiciones son procesos que se
toman su tiempo, en los que hay reveses y una ruta en zigzag. No son procesos
rápidos. No, para nada. Son lentos. “Pero con un poco de perspectiva
histórica, uno puede decir que las transiciones comienzan, incluso, antes de
que la gente tome conciencia de ello, porque a veces son conversaciones en
secreto, son actitudes cambiantes dentro de algunos sectores del gobierno.
Nadie dice: He decidido salir del autoritarismo. Nadie lo dice a la luz
del día, pero definitivamente ocurre”, zanja Lowenthal.
La frase dicha
por Delcy Rodríguez, luego de la intervención militar de los Estados Unidos en
Venezuela: “Estamos en un nuevo momento político”, ¿podría interpretarse como una
actitud cambiante dentro del gobierno? La respuesta podría ser sí y no. SÍ,
porque se han hecho cambios en materia económica que apuntan a favorecer el
clima de los negocios. NO, porque todas las designaciones que ha hecho
Rodríguez —con la excepción quizás de la Defensoría del Pueblo—, son lo más
parecido a una puerta giratoria por la cual salen los chavistas elegidos por
Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, y entran los chavistas que designan
los hermanos Rodríguez. El llamado chavismo reciclado, pues.
Si partimos del
hecho de que “la democracia es compleja y la tentación de acumular más poder es
universal”, empezamos a tomar conciencia de lo difícil que es una transición
política hacia la democracia. En una ocasión, Mercedes Pulido me dijo que “el
poder es el único instinto humano que no se sacia”. Si no que lo diga el señor
Vladimir Ilich Uliánov, Lenin, el inventor del totalitarismo. Padre y guía del
marxismo universal. Si los nombramientos de la señora Delcy Rodríguez apuntaran
a crear formas de participación más amplias y el funcionamiento de
instituciones que controlen los poderes, además de los mecanismos de chequeo,
entonces otro gallo cantaría.
Para los
gobiernos autoritarios, una transición hacia la democracia es compartir el
poder, someterse al escrutinio del voto, convivir con el que piensa diferente,
es ceder mucho de lo que se tiene y más cuando se han cometido violaciones a
los Derechos Humanos, cuando la represión y la persecución son el sino de un
Estado terrorista. Hablamos de justicia transicional porque se cometieron toda
clase de desmanes, incluidos crímenes de lesa humanidad: violaciones,
secuestros, asesinatos. Se habla de reparación a las víctimas porque ocurrió
todo esto. A lo que podemos aspirar es a un máximo de justicia sin venganza. La
realpolitik que es el marco que deberíamos elegir para actuar en
consecuencia impone sacrificios. Otro cambio de actitud sería constatar que
estamos dispuestos a tragarnos los sapos que una transición política nos
impone. Lo importante, lo vital, es tener una perspectiva histórica. Hablamos,
por ejemplo, de la desgarradora diáspora de los venezolanos. De la separación
de las familias, unidas por el puente del wasap, ¿qué le diríamos a un judío si
nos recordara que la diáspora del pueblo judío duró más de 1.000 años? Sí, le
sobra razón a Lowenthal cuando dice que la transición exige perspectiva
histórica y herramientas de análisis. A veces, las perdidas son de tal magnitud
y el sufrimiento es tan doloroso que lo único que nos queda es mirar hacia
adelante. Lo contrario sería adentrarnos en las tinieblas y la peor oscuridad.
Pdta. Esta entrevista la hice en 2016. Hace una
década, el mismo lapso que duró la transición chilena hacia la democracia. Es
cierto, pasó “algo”, hubo un “cambio de actitud”, un aprendizaje del “trauma” —Jorge
Rodríguez dixit— que provocó la intervención militar de los Estados Unidos. Entonces,
no hemos hecho nada para salir de la tragedia, del hundimiento en el que
caímos.
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