La libertad de
expresión salió a relucir en la entrevista que El País le hizo a Jorge
Rodríguez el domingo pasado. Es un asunto obligado por diversas razones, la más
elemental es que es materia de interés para el periodismo y para quienes
hicieron la entrevista.
La hegemonía
comunicacional siempre fue un objetivo estratégico para el chavismo, así lo
entendió Hugo Chávez. Recordemos sus maratónicos programas dominicales, Aló Presidente.
Chávez era una suerte de plataforma multimedia, un comunicador nato. De eso no
cabe la menor duda. A través de la palabra —siempre es así, incluso antes de
que Jesucristo entrara en escena—, se establece una conexión que, en el caso
que nos ocupa, adquiere ribetes mágicos. El encantador de serpientes, pues.
Durante todo su
mandato, Aló Presidente mantuvo a Chávez, en permanente campaña
electoral. Una de las peores equivocaciones que cometieron sus adversarios
políticos fue subestimar el papel que jugaba Hugo Chávez en la comunicación
política venezolana. Era Chávez contra todo el mundo. A todos los derroto por
nocaut, como Muhammad Alí, en el sexto te vas a la lona. Sólo Teodoro Petkoff,
primero en El Mundo y luego en Tal Cual, perdió por decisión dividida en 15 asaltos.
No es fácil mantener la primacía del rating y, simultáneamente, acelerar con
gasolina la polarización política. Pero Chávez cazó la apuesta y le salió bien.
Su sucesor,
Nicolás Maduro, trató de convalidar la apuesta, pero el carisma no se compra en
botica. Quien imita un estilo termina en la farsa. Sin herramientas
comunicacionales eficaces, a pesar de concentrar innumerables medios de comunicación
—estaciones de televisión, de radio, prensa escrita y voceo en las calles—, al
chavismo no le quedó más remedio que apelar a la censura, a las amenazas y a la
judicialización del ejercicio de la libertad de expresión. Medios de
comunicación clausurados, periodistas encarcelados, amenazas reiteradas y extorsión
a granel. ¿Para qué subirse al ring si puedo sacar la pistola y ponerla sobre
la mesa?
Al parecer otro
de los aprendizajes que dejó el trauma del 3 de enero nos remite
a la respuesta que dio Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional, en
la citada entrevista.
Preguntan los
periodistas de El País
—Muchos
periodistas venezolanos han sido perseguidos, muchos están fuera, los canales
internacionales no se pueden ver acá… ¿Se va a poder ejercer la libertad de
prensa en Venezuela en el corto plazo?
Rodríguez
responde:
—Yo creo que la
libertad de expresión, que además es un principio constitucional, tiene que
respetarse de manera irrestricta, a pesar de que opino que, cada vez más, los
medios de comunicación han abandonado su condición de ser imparciales. Y lo que
hacen es más una lucha de posiciones encontradas que la búsqueda de la verdad.
Pero, aun en esa condición, tiene que respetarse de manera irrestricta la
libertad de expresión.
Es un gran aprendizaje
para quien promovió la llamada ley del odio, esperpento revestido de dudosa
legalidad, que le sirvió al señor Tarek William Saab para judicializar a adversarios
políticos y periodistas. El chavismo ha sido el sepulturero de la comunicación
y el periodismo en Venezuela. Sobreviven algunas páginas web, ejemplos de
resiliencia, desprovistas de soporte financiero y estructura empresarial. Señor
Rodríguez, ya el mal está hecho.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.