Se prohibe la reproducción total o parcial del contenido de este blog, con fines comerciales, y sin la autorización previa de su autor, Hugo Prieto. Lo reitero, prohibido el hurto.

Rumbo a ningún lado

 

En la ruta hacia ninguna parte, hay un destino común: un proceso electoral que legitime el poder de los dos factores que se enfrentan por la supremacía de ideologías y visiones políticas irreconciliables. Por una parte, María Corina Machado ha señalado la necesidad de activar un proceso de transición democrática que fije un cronograma electoral. Por la otra, el chavismo ha emprendido una peregrinación —haciendo honor a los rasgos cuasi religiosos en los que se apoyó Hugo Chávez— para posicionar en la agenda pública la urgencia de levantar todas las sanciones que pesan sobre el país. Sólo entonces, podría haber en Venezuela “elecciones sin sanciones”.

No podemos hablar de transición política en Venezuela, sencillamente porque los factores que intervienen en la vida política del país están atrincherados en sus posiciones irreconciliables. Estamos muy lejos del desacreditado Pacto de Puntofijo. Quiérase o no, la única transición política exitosa que se ha ensayado en el país. No fue una transición política en toda regla, pero tuvo elementos claves que permitieron la convivencia democrática durante 40 años, los únicos que hemos conocido en algo más de 200 años de vida republicana.

Las élites políticas de esos años se concentraron en la supervivencia de ese arreglo político. No fue una etapa exenta de riesgos. Recordemos las amenazas y los riesgos que acecharon al gobierno de Rómulo Betancourt entre 1959 y 1964. Intentonas golpistas, tanto de derecha como de izquierda. Y la larga sombra intervencionista de la Cuba castrista. Pero la nave institucional que surgió de ese acuerdo pudo sortear los peligros. No voy a sacralizar los 40 años de democracia, ni voy a llorar sobre la leche derramada. Por la sencilla razón de que lo que teníamos nos trajo hasta aquí. La democracia venezolana creó una base incipiente de lo que se conoce como el estado de bienestar, pero fue incapaz de construir una edificación —en todos los órdenes: político, económico y social—, que sirviera como agente activo del desarrollo. La tarea se hizo a medias, producto de la inercia, de la falta de imaginación y un proverbial rechazo al sacrificio y a la competencia. Siempre hemos elegido una vida fácil a tener un país.  

Todo lo que éramos fue dinamitado por los militares felones del 4 de febrero. El proyecto político de Hugo Chávez no fue otra cosa que un ardid para regresar a la vida cuartelaria, al autoritarismo rampante, a la dictadura de Nicolás Maduro. Las complicidades de las élites y de la izquierda residual de los años 60 hicieron el resto.

Una transición política es un comienzo, solo eso. No es garantía de nada. La vida es movimiento y si no perseveramos en alcanzar objetivos estratégicos estamos condenados al fracaso. Los modos y las costumbres son reacias al cambio, así como nuestra forma de pensar.

El Pacto de Puntofijo puso el énfasis en la consolidación y fortalecimiento de los partidos políticos. Y esa fue una de las principales causas que determinaron su fracaso. Dentro de la desgracia que estamos viviendo, tenemos al menos la oportunidad de hacer otra cosa, de poner el énfasis, por ejemplo, en el fortalecimiento de la sociedad civil y de una institucionalidad que tenga como objetivo el bienestar de los venezolanos.

No veo eso en el escenario venezolano. Ni como propuesta política ni como imaginario colectivo. Hasta el 3 de enero, el chavismo estaba ensayando su modelo dictatorial, con visos totalitarios, control pleno y absoluto de las instituciones del Estado, dominio estratégico de la economía, y un modelo social —la entelequia comunal— sujeto al populismo y avasallado por el Estado.   

Tampoco creo que un modelo neoliberal, como se esboza en las propuestas de la oposición liderada por María Corina Machado, sea la solución.

Entonces, ¿vamos a un proceso electoral para seguir en lo mismo? ¿Para seguir cavando en el fracaso político y la anomia social?

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.