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El efecto espejo

 

Sin duda, Abelardo de la Espriella tiene varios asesores que lo ayudaron a ganar las elecciones en Colombia. Pero hay uno al que no le pagó un centavo y le hizo la campaña gratis. Se trata de Nicolás Maduro, quien gobernó a Venezuela con puño de hierro entre 2013 y 2026, cuando fue “extraído” del Fuerte Tiuna por fuerzas estadounidenses el pasado 3 de enero. El reflejo de Venezuela en Colombia no eran sólo cifras: una caída del 70 por ciento del PIB, una inflación calculada en miles de millones por ciento, sólo en el lapso que va de 2017 a 2021. Y la cifra récord, jamás alcanzada por presidente alguno: más de 4.971.000 venezolanos se hundieron en la pobreza en los dos primeros años de su mandato.

Colombia fue el país que más refugiados venezolanos acogió en medio de este drama social: más de tres millones de personas. No hay una sola ciudad colombiana que no albergue a los compatriotas que cruzaron la frontera en busca de lo más elemental para poder sobrevivir. Basta subirse al Transmilenio en Bogotá para ver la penosa situación por la que atraviesan los venezolanos que huyeron de esa categoría que los sociólogos denominan “pobreza multidimensional”. En esta reivindicación de lo políticamente correcto no cabe el término mendicidad, aunque sea la palabra que mejor define a quienes deambulan por la ciudad y duermen en las calles.

Los colombianos no tenían que cruzar la frontera para enterarse de lo que había ocurrido en Venezuela. La ola del tsunami de la destrucción chavista llegó hasta la puerta de sus casas. Un espectáculo muy penoso que despertó el miedo, el horror a todo lo que oliera a socialismo, a izquierda, a justicia social. El señor Nicolás Maduro convirtió la utopía en una bazofia.

La decisión del gobierno de Gustavo Petro, quien se negó a cerrar las fronteras, le pasó factura, aunque la tabla de salvación que a muchos venezolanos les permitió llevarse algo de comer a la boca. Fue un acto solidario en medio de la rapiña y la codicia que impunemente exhibe el mundo de hoy. Todos lo saben, pero callan, porque lo importante, lo vital, lo que está de moda, además, es no reconocer al otro.

La campaña electoral de los vecinos tuvo un correlato entre los colombianos que todavía viven en Venezuela. En cifras preliminares, 19.682 votaron por Abelardo de la Espriella, mientras 4.911 lo hicieron por Iván Cepeda. Fue una votación ínfima, pero no reñida. No es la Colombia partida en dos que arrojó el resultado del domingo.

Es que el chavismo, aún regalado, es caro.

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