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Arrogancia desde la impostura

 

No se han reunido los negociadores elegidos a dedo por el señor Marco Rubio, el secretario de Estado de los Estados Unidos, quien, a su vez, gestiona los asuntos públicos en Venezuela, cuando el señor Henry Ramos Allup, el eterno secretario general de Acción Democrática, disparó a mampuesto para erosionar la representatividad y legitimidad de la quien fuera presidenta de la Asamblea Nacional electa en 2015, la señora Dinorah Figuera.

Ramos Allup cuestionó que sea Figuera quien represente a toda la oposición en las negociaciones, que se llevarán a cabo a partir del 1 de agosto, con el sempiterno negociador del chavismo, Jorge Rodríguez, un experto negociador en no negociar. Lo curioso es que el dirigente adeco se abrogó la representación de la llamada Plataforma Unitaria y adelantó que esa instancia no participará en una eventual transición a la democracia si antes no es consultada.

A simple vista, pareciera que Ramos Allup le pone palos a la rueda para que las negociaciones fracasen, incluso, antes de empezar. ¿Qué podemos inferir de esta declaración? Uno. La oposición al chavismo es un mosaico de grupúsculos, apenas representativos de sus siglas, incapaces de ponerse de acuerdo en asuntos de relevancia, que no sean las alianzas electorales. Dos. Henry Ramos Allup, lanza en ristre, interviene para salvaguardar los intereses, la representatividad y legitimidad, de María Corina Machado, la líder de la oposición democrática. Tres. El dirigente adeco se erige desde una postura de poder que no es tal cosa. Cuatro, le envía un mensaje sin destino a los Estados Unidos. Poco le falto decir que las diferencias entre venezolanos las resolvemos nosotros mismos. Una falacia, no lo hemos hecho en 34 años. En cambio, hemos pedido intervención extranjera, “porque solos no podemos”.

Nos ha costado entender que no estamos en una situación ideal, donde la política funciona, donde es posible llegar a acuerdos y defender programas que no son, necesariamente, coincidentes. Muy por el contrario, estamos ante un escenario donde la política se muestra como el gobierno del señor Donald Trump quiere que la veamos. Una cuestión de fuerza y poder. Y la oposición, sea cual sea su líder nominal, no tiene ni una cosa ni la otra. Es así de sencillo.

El poder territorial lo ejercen los militares y lo poco que queda del Estado venezolano lo controla el chavismo. Entonces, negociar las bases para unas elecciones transparentes y auditables, se antoja como una meta casi inalcanzable. Pero el señor Henry Ramos Allup viene para arrojar un vaso de agua helada. Y ahora, ni eso. La política nos ha fallado, una y otra vez. No hemos tocado fondo, porque seguimos cavando, incluso en condiciones tan desfavorables como sufrientes. No se crea, sin embargo, que la gente está atenta a estas menudencias, a los intereses subalternos de una dirigencia opositora incapaz, terriblemente incapaz. No. La gente se ha desconectado —y sigue desconectada— de la política desde hace mucho tiempo. Porque ha demostrado inutilidad. Es parte del problema y no de la solución. Lo que viene a ratificar el señor Henry Ramos Allup.

Quizás lo intolerable para un sector de la oposición es que la señora Dinorah Figuera no es una marioneta, no es un aparato teledirigido desde el CEN de AD o Vente Venezuela.

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