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La campanada de la naturaleza

 

El doblete sísmico que azotó a Venezuela el pasado 24 de junio, ha dejado sobre los escombros de la zona cero —el estado Vargas, bautizado por el antojo de un militar como La Guaira—, la precaria y lastimosa situación en la que se encuentra el país. El aparato del Estado impotente para atender la emergencia, la manifiesta dependencia de la ayuda humanitaria internacional para socorrer a las víctimas, la depresión, el desamparo y la impotencia como emociones colectivas. Nada de esto se puede resolver con una consulta psicológica gratuita.

La arquitectura del sistema financiero internacional, diseñado por los Estados Unidos para salvaguardar sus intereses y potenciar su economía de servicios, es un candado que estrangula a un país asfixiado por las sanciones. El diario El País de España, reseña el pronunciamiento de 113 economistas de probada competencia —Isabella Weber, Jeffrey Sachs y James K, Galbraith, entre otros—, que han reclamado el levantamiento de las sanciones económicas y el alivio de la deuda externa de Venezuela. Cito: “La emergencia es humanitaria antes que política. El rescate, el refugio, los hospitales, el agua, la energía, el transporte, la comida y los medicamentos no pueden esperar a la negociación diplomática”.

La visita relámpago de la diputada Dinorah Figuera, en representación de la Asamblea Nacional electa en 2015 y de la oposición política, se interpretó como una señal positiva para labrar el camino que nos llevaría a una transición política. Se habló de una conformación de mesas prioritarias para avanzar en ese sentido. El terremoto nos sorprendió a todos, menos al liderazgo político —chavista y opositor por igual—, que siguen en su juego suma cero, como si fueran la estructura de un edificio que se mantiene en pie. Nada. No hemos sabido nada de este nuevo pote de humo que pretende, sin lograrlo, obnubilar a una sociedad que atiende la emergencia con sus manos desnudas.

La señora María Corina Machado quiere regresar al país, lo intentó, pero una orden de Washington lo impidió. La aerolínea Copa le negó el abordaje de un vuelo comercial con destino a Venezuela. Machado aseguró que la aerolínea reculó por presiones del régimen. Lo pongo en duda. Recordemos que, al decretar el cierre del espacio aéreo de Venezuela, en medio de la crisis de las narcolanchas, casi todas las aerolíneas internacionales que operaban en Venezuela, cortaron por lo sano. No querían exponerse a las sanciones que, previsiblemente, aplicaría el gobierno del presidente Donald Trump. No lo critico. El deber de un empresario es salvaguardar su negocio. Aquí, sépase de una vez, se hace lo que el César disponga, según apunte el pulgar de su mano derecha hacia arriba o hacia abajo. Eso pasa cuando pides la intervención extranjera, “porque nosotros solos no podemos”. Solicitud que endosaron todos los partidos políticos que conforman la famosa Plataforma Democrática. Nos falló la política, nos falló el Estado y la naturaleza vino para recordárnoslo de la forma más cruel e inimaginable posible.

Al plan del señor Marco Rubio, secretario de Estado de los Estados Unidos, el doblete sísmico le agregó un puntal imprevisto: la reconstrucción antes de la recuperación del país. Un plan sin metodología, sin línea de tiempo, mientras los venezolanos nos hundimos en la miseria. Mientras tanto, la señora Delcy Rodríguez juega a la silla vacía, con sus camaradas de toda la vida. Remodela su gobierno e intercambia piezas como en damas chinas. Entonces, ¿los mismos incompetentes que nos trajeron hasta aquí serán los que nos saquen del marasmo, la mediocridad y la incapacidad demostrada durante casi 30 años? No sigo, porque todos conocemos la respuesta. Y esto es lo jodido. La certeza de que no vamos a ningún lado.

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