De Las Venas
Abiertas de América Latina, el muro de las lamentaciones de este continente,
sólo recuerdo la mención que hace Eduardo Galeano del cerro Potosí, en Bolivia,
una montaña de plata que fue a dar a las arcas del Imperio Español. Una visión
cenital arroja a la vista un cerro careado por los socavones que fueron
excavados por los indígenas del Imperio Inca, particularmente quechuas. El
despojo siempre ha sido una letanía en América Latina.
Hay una visión
ideologizada de la literatura en esas páginas. El juego de palabras que pone al
descubierto una moraleja que pretende teñirlo todo de victimización, materia
prima sobre la que se ha construido el elaborado populismo que ha prosperado
con tanta fuerza e imaginación en estas tierras. Las páginas escritas por
Galeano han sido el expediente de la izquierda para teñir de sangre a estas
tierras, desde el Río Bravo hasta la Tierra del Fuego. Tal vez sea así.
Pero ese libro
también es un compendio del intervencionismo extranjero en América Latina, especialmente
el que ha llevado a cabo Estados Unidos, en atención a la doctrina Monroe, hoy
remasterizada por el presidente Donald Trump. Parecían cosas del pasado, pero
los intereses siguen siendo los mismos y América es para los americanos. A
partir del 3 de enero, el día de la operación militar que “extrajo” a la pareja
presidencial de Venezuela, conformada por Nicolás Maduro y Cilia Flores, se ha puesto
de manifiesto una realidad incontrastable. Los Estados Unidos llegaron para
quedarse. Según el diario ABC de España, un medio al que no se le puede señalar
de izquierdista, publica una nota, cuyo título inspira estas líneas: “EE.UU.
aprovecha la ayuda del terremoto para montar un puesto de avanzada militar en
Venezuela”.
Queda claro que somos
un país ocupado, que el 3 de enero perdimos la soberanía nacional. Aunque no
tenemos un estatus legal, somos una especie de protectorado. Pronto estaremos
en la ONU, como un caso para la descolonización del territorio. Por estas
razones, no puedo celebrar el 4 de julio, día de la independencia de los
Estados Unidos, que además celebra una fecha redonda: 250 años de su
emancipación de Inglaterra. La apuesta del chavismo, único responsable del despojo
de nuestra independencia, salió mal. No podía ser de otra forma. Y ahora lo
hemos perdido todo.
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