Es lo que diría el
expresidente Luis Herrera Campins si hubiese tenido la oportunidad de leer el
comunicado de un sector del chavismo, que hoy se rasga las vestiduras porque
Venezuela perdió su soberanía el 3 de enero. Los que ayer vociferaban consignas
antiimperialistas y hablaban de la Guerra Popular Prolongada, como una doctrina
militar ajustada a los intereses de Venezuela, ahora se lamentan porque
Venezuela es un país tutelado, una especie de protectorado. Un país dirigido
por Washington. Afirman, además, que los diálogos deben ser entre venezolanos,
sin injerencia extranjera. Ya eso ocurrió en las negociaciones que se llevaron
a cabo en República Dominicana, con la mediación de Noruega y el aval del Vaticano.
¿Pero que hizo el chavismo? No cumplió con lo acordado. Se burló de la
comunidad internacional y le mintió al Papa. Entonces, la credibilidad de la dirigencia
chavista vale cero. Ya no valen arrepentimientos ni llorar sobre la leche
derramada. Por favor, señora Delcy Rodríguez no diga que la sorprendió el
ataque a Caracas. Después del ataque a las supuestas narcolanchas y a la
movilización de medios militares que apuntaban a Venezuela, se había generado
una inercia que sólo podía desembocar en una operación militar. En medios de
comunicación estadounidense se evaluaron varias opciones. Incluso se habló de
una “extracción” del señor Nicolás Maduro antes del 3 de enero. Entonces,
guerra avisada no mata a soldado. Pero eso no fue lo que ocurrió aquí.
Según cálculos del
Financial Times los señores que manejan la cuenta del Tesoro
estadounidense, en la cual se deposita el dinero por la compra del petróleo
venezolano, anota en el haber alrededor de 13.000 millones de dólares. Petróleo
que se vende a precios de mercado y sin sanciones, pero si se sigue la pista de
manera responsable de ese dinero, sólo se pueden auditar 300 millones de
dólares. ¿Adónde ha ido a parar el dinero de los venezolanos? Supongo que es
una papa caliente para los negociadores que empiezan a deliberar a partir de
mañana.
Es cierto que el
péndulo político cambió en América Latina, los electores de este continente fracasado
corrieron en masa a votar por opciones de ultraderecha en Perú, Colombia, Costa
Rica y Chile. La izquierda resultó tan corrupta como sus predecesores (no todos
de derecha, también los había de centro). Atrapados en su laberinto ideológico,
no entendieron, ni entienden, que sólo existe una economía: el capitalismo. No
hay otra, señores. Sólo en los manuales marxistas y en sus sueños (convertidos
en verdaderas pesadillas cuando intentan hacerlos realidad). Pero como diría
Petkoff “ni aprenden, ni perdonan”.
Una pregunta para
el equipo de María Corina Machado (o incluso para ella) ¿Por qué se reúne con
un tipo como Abascal, un racista y un negador de derechos (propone una
discriminación por nacionalidad, los migrantes al segundo piso, aunque hayan
hecho sus pagos al completo a la seguridad social) ¿Por qué felicita a un
defensor de narcos, paramilitares y abogado de Alex Saab, el contratista preferido
de Nicolás Maduro? ¿Por qué felicita a Keiko Fujimori, quien ha dicho que gobernará
el Perú con el legado de su padre, un dictador, padrino de Vladimiro
Montesinos, que sometió a más de 300.000 mujeres indígenas a cirugías de
anticoncepción? ¿Ah? ¿Porque resultaron electos presidentes de sus países? Los
pueblos se equivocan, a mucha gente le gusta lo malo —y en política son sus
amores—. Y voy a un ejemplo, quizás demoledor. Quien decía que el pueblo nunca
se equivoca era Rafael Caldera.
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