Todo es tan
predecible, tan falta de imaginación, que a estas alturas, sólo provoca un
hastío, un cansancio enorme. Animados, quizás, por el dicho popular que reza: haz
lo que yo digo, pero no lo que yo hago, el chavismo se ha visto envuelto en
las contradicciones más flagrantes.
En cada
visita que la presidenta encargada ¿?, Delcy Rodríguez realiza a un barrio, se
viste para la ocasión y apela a la palabrería del discurso chavista: el
fortalecimiento de los consejos comunales, el desarrollo desde abajo, las
nuevas formas de producción. Eso en la mañana. En la tarde se apersona en la
sede de Fedecámaras anuncia nuevos mecanismos para la producción privada, traza
las líneas de una economía de mercado y libera las tensiones, el estrés que se
acumularon durante el gobierno del señor Nicolás Maduro. ¿En qué quedamos?
¿Seguimos en el Socialismo del Siglo XXI o nos casamos con el capitalismo? O oír
hablar al señor Félix Plascencia de multilateralismo y diversidad ideológica y
política cuando Venezuela está forzosamente alineada a los intereses y
designios de los Estados Unidos.
La
delegación del PSUV —conformada entre otros asistentes por los diputados Tania
Díaz y Jesús Farías—, viaja a México para participar en XXX Seminario
Internacional Los Partidos y una Nueva Sociedad y arman un zafarrancho porque
el expresidente de Colombia dice una verdad del tamaño de una catedral. Petro
le da la razón al presidente estadounidense cuando este dice —y lo repite cada
vez que se le antoja— que su gobierno se quedó con el botín —65.000 millones de
barriles de petróleo— luego de la efímera guerra de 48 minutos que se libró en
Venezuela el pasado 3 de enero. El pueblo venezolano no defendió su petróleo,
no es una ofensa, pero sí una provocación. Lo que teníamos que defender los
venezolanos era la soberanía nacional. No el petróleo que, como dice el propio
Petro, es el principal agente de los combustibles fósiles que amenazan las
distintas formas de vida en el planeta.
La diputada
Tanía Díaz le espetó a Petro el haber guardado silencio a sabiendas de que
tenía pleno conocimiento de la operación militar que las fuerzas
estadounidenses ejecutaron el pasado 3 de enero. A cierta edad, la ingenuidad
se paga muy caro. Pero los señores de la izquierda, en esta favela de Occidente
que es América Latina, daban por seguro que no habría intervención militar en
Venezuela. A pesar de la concentración de fuerzas en las bases estadounidenses
de Puerto Rico y en las propias aguas del mar Caribe. Se había creado una
dinámica, una inercia, que era imposible de detener. Al señor Farías le quedó
muy grande la impostura de exigirle dignidad a Petro cuando esta fue dada de
baja o desaparecida en acción el pasado 3 de enero. Va a costar sangre,
sudor y lágrimas recuperar la soberanía perdida. No creo que las personas
que metieron a Venezuela en esta lamentable y vergonzosa situación sean las idóneas
para enfrentar ese desafío.
Son palabras
que alimentan el miedo.
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