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Tuvieron su oportunidad y la desperdiciaron

 

Los gobiernos de izquierda en los 20 países de América Latina tocan a su fin. El último bastión importante, Brasil, es muy probable que caiga en la segunda vuelta electoral que tendrá lugar el próximo 25 de octubre. El paso por el poder de la izquierda ha resultado una experiencia muy decepcionante. En materia económica, no hubo cambios estructurales. Como siempre, el gigantismo estatal a costillas de la sociedad en general. No se ensayaron políticas de innovación para insertar a la región en las tendencias que están marcando los cambios en el mundo. Estos desafíos siguen inalterables. América Latina ha demostrado una tozudez política increíble.

La izquierda apostó al caballo perdedor, a sabiendas de lo que estaba haciendo. Se refugió en lo de siempre: populismo, estatismo, intervencionismo económico y el remake de la polarización como herramienta política. Le siguieron los pasos a Chávez, aunque no llegaron al desfiladero, no se lanzaron al vacío, porque no tenían las pulsiones suicidas del militar venezolano o, incluso, las de Fidel Castro.

Algo asombroso y escalofriante a la vez es la incapacidad que la izquierda latinoamericana ha demostrado en el manejo de la economía. No entienden como funciona. Repiten las mismas políticas fracasadas. Reparten una riqueza inexistente. Y se miran en el reflejo del espejo que su propia incapacidad produce: la imagen del resentimiento, del revanchismo y la envidia. Esa política siempre ha sido redituable en las urnas.

El balance en la derecha no es diferente. Para nada, esto es una competencia entre incompetentes. Desde los tiempos del Consenso de Washington, la primera acción global de los Estados Unidos para alinear al hemisferio Occidental bajo su guía y sus intereses, a los gobernantes de América Latina les ha sobrado gente. Salinas de Gortari la aplicó en México con un gran despliegue mediático y Carlos Monsivais vino a echar un balde de agua fría. A Salinas le sobran como 80 millones de mexicanos. En Venezuela, Pompeyo Márquez le dio la bienvenida al Gran Viraje con estas palabras: ¿Y la gente? ¿Dónde queda la gente?

El gobierno de Donald Trump llegó con una segunda ola para alinear al continente, la versión 2.0 de la doctrina Monroe, centrada en la seguridad, la inmigración y la lucha contra las drogas. Mega cárceles, ejecuciones extrajudiciales, deportaciones exprés, amenazas, extorsiones. De todo un poco. Y más.

A quien pregunte por la suerte de los espalda mojada, por los Derechos Humanos y el Derecho Internacional, la respuesta es una sola: ¡¡¡Fuck you!!!

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