En el comunicado
que suscriben Jorge Rodríguez, en representación del gobierno y Dinorah Figuera,
como presidenta de la Asamblea Nacional electa en 2015, hay más preguntas que
respuestas. Se establece un orden de prioridades. La primera de ellas es
recuperar 20 toneladas de oro —actualmente bajo control del Banco de
Inglaterra—, para mitigar la catástrofe que dejó el doblete sísmico del pasado
24 de junio.
Tengamos en
cuenta que la respuesta del gobierno en el terreno —particularmente en la
Guaira— fue tardía e ineficaz. El despliegue de militares en la zona, sin
capacidades técnicas ni equipos, no significó nada. Aún así, bienvenida sea la
propuesta hecha por el negociador del gobierno. Esos recursos, bien
administrados y auditados, sobre lo cual también hubo acuerdo, pueden
contribuir a mitigar el sufrimiento de quienes lo perdieron todo.
La segunda
prioridad del acuerdo puede allanar el camino hacia una transición democrática.
Es un camino incierto, lleno de obstáculos, cuya probabilidad de éxito es una
incógnita. El comunicado señala que los negociadores acuerdan la “renovación y
ampliación del Comité de Postulaciones” para darle cumplimiento a lo
establecido en la Constitución Nacional. Es decir, se da cabida, en el citado comité,
a representantes de la sociedad civil (universidades y organizaciones no
gubernamentales). Tanto el baremo como la preselección de candidatos será un
hecho conocido por todos los venezolanos.
Estamos ante la
oportunidad cierta de tener magistrados en el TSJ de comprobada honorabilidad, imparciales
e independientes de otros poderes al momento de tomar decisiones. Las
organizaciones políticas que no forman parte de la negociación o se
autoexcluyeron podrán seguir de cerca este proceso de renovación del Poder
Judicial. Quizás demuestren cautela, seguimiento crítico, ya que han
manifestado que no serán un obstáculo que pueda descarrilar este proceso. Y
otro tanto cabe exigirles a los sectores del chavismo descontento con el
interinato de Delcy Rodríguez. Sectores opuestos, además, a la idea de
compartir el poder. ¿Quién los va a meter en cintura? Jorge Rodríguez, además,
tendrá que demostrar que no es un negociador experto… en no negociar.
El hecho de que la
postulación de los magistrados —ahora bajo preceptos constitucionales— arranque
desde cero, no responde a todas las interrogantes que encierra esta iniciativa.
Y la más inmediata, con peso significativo, es la siguiente: Una vez que el Comité
de Postulaciones haga la preselección de los candidatos a magistrados, ¿Quién o
quienes van a aprobar esa preselección? ¿Quién o quienes van a juramentar a los
nuevos magistrados? ¿La Asamblea de 2025 que preside Jorge Rodríguez? ¿O la
Asamblea de 2015 que preside Dinorah Figuera? Ese es el punto ciego que arroja
el acuerdo y la negociación.
Quizás el trámite
de la juramentación lo resuelva la Asamblea Electa en 2025. Es posible. Ya
aprobaron una ley de hidrocarburos contraria al interés nacional. Ya dieron fe y
demostración de que pueden responder positivamente a las exigencias que haga el
tutelaje que ejerce el gobierno de los Estados Unidos.
La renovación del
TSJ sería algo positivo para el país. Los nuevos magistrados podrían allanar el
camino para que la ciudadanía recupere la soberanía popular. No es poca cosa. Es
un paso vital en la ruta hacia la democratización del país.
O avanzamos por
esta vía, aún en condiciones riesgosas, o seguimos enquistando el conflicto
político. Sólo hay dos opciones. No hay otra.
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