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Una cita de Borges

 

Citar a Borges en las circunstancias que vivimos es un engaño para falsear la realidad. Pero la tentación puede más que la sensatez. La frase en cuestión reza como sigue: “La derrota tiene una dignidad que la ruidosa victoria no merece”. ¿Qué nos dice esta frase después de la guerra que Venezuela perdió frente a Estados Unidos? El episodio del 3 de enero, no se puede calificar de otra forma, apenas duró 48 minutos en el reloj de Donald Trump. Para nosotros, en cambio, han sido siete meses que no parecen tener fin. Siete meses de vergüenza y silencio.

No hemos querido indagar sobre este asunto. Muchos demonios, muchas inconsecuencias y cobardías, podrían salir si abriéramos la caja de Pandora. Indagar no es parte de nuestro ser, de nuestra naturaleza. A los venezolanos nos gusta pasar página con una facilidad pasmosa. El 3 de enero nos enteramos de que la seguridad del señor Nicolás Maduro corría por cuenta del aparato de inteligencia cubano. Que el esquema de seguridad era dirigido por un general ruso, con notorios fracasos en la guerra de Ucrania. Los Estados Unidos sabían que a Maduro lo resguardaba un castillo de naipes. Cuba también lo sabía, aunque murieron 32 de sus oficiales y militares, en el ataque estadounidense. Así como 47 integrantes de las fuerzas armadas venezolanas.

En 48 minutos demostramos que no había espíritu de lucha. Y sin él no hay una sola batalla que se pueda ganar. Guerras asimétricas, guerras injustas, ha habido desde la Edad de Piedra. Aunque los vietnamitas, por ejemplo, no ganaron una sola batalla en el teatro de operaciones, ganaron la guerra. La sociedad estadounidense se hartó de un conflicto que no era el suyo, 58.220 cadáveres devueltos en bolsas plásticas fueron suficientes para convencerlos de que Vietnam era un causa perdida, una causa que no valía la pena.

Entre 300.000 y 500.000 iraníes perdieron la vida en la guerra contra Irak, cuyo líder era un déspota sanguinario. Las fronteras siguieron siendo las mismas y Sadam Hussein se retiró con las manos vacías. No ganó nada. Absolutamente, nada.

Israel no ha podido quebrar el espíritu de lucha de los palestinos. Los Estados Unidos, al pensar que podían hacer en Irán lo mismo que hicieron en Venezuela, se metieron en un callejón sin salida. No es tarea fácil quebrar el espíritu de lucha de un ejército ideologizado y de una religión que entiende la venganza como una opción legítima.

No hay dignidad en la derrota que sufrimos los venezolanos. Por eso guardamos silencio, por eso pasamos página. Pero la historia se encargará de ajustar cuentas. Y es ahí, en sus páginas, donde tenemos que buscar los antecedentes, las pistas, los artilugios que nos servirán para rescatar nuestra soberanía. Pero esto lo puede hacer, únicamente, un gobierno legítimo.   

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