Va siendo
hora de que la señora Delcy Rodríguez le diga a sus correligionarios del
chavismo cómo se come “el nuevo momento político” que se instaló en Venezuela a
partir de la intervención militar estadounidense del pasado 3 de enero.
Al chavismo
crítico no le queda nada claro la gestión de la presidenta encargada ¿? en Miraflores.
El alineamiento con el gobierno de Donald Trump es más hiriente, más lacerante,
del que apreciamos en el vecindario con gobernantes como Milei, Bukele, De la
Espriella, Fujimori o Kast. Por una sencilla razón, en el caso de Venezuela el
péndulo político no giró a la derecha a partir de una consulta electoral. No.
Aquí intervino la mano que mece la cuna, la mano imperial de Donald Trump.
Al gobierno
lo aguijonea, con ponzoña venenosa, los sectores de oposición, el llamado
chavismo crítico y el silencio de la comunidad internacional. Pareciera que
Delcy está pegada con saliva de loro en Miraflores. Pero eso que llaman el
estamento militar la sostiene, aunque su vocero, el señor Diosdado Cabello, le
marca líneas rojas a la gestión de la presidenta, le enmienda la plana y a
veces le dice algo así como que esto del entreguismo no es tan así.
Y lo que
trasluce todo esto es que, dentro del chavismo, crítico o no, populista o no, dictatorial
o no, hasta el gato añora el período en que gobernó el señor Nicolás Maduro,
cuando algo parecido a la dictadura del proletariado se ejercía a placer y a gusto
de la dictadura comunista cubana.
Algunas
cosas se aclararon, pero no se definieron el pasado 3 de enero. El jefe de la
diplomacia estadounidense definió el marco de ese momento político con su
propuesta de tres bandas: estabilización, la recuperación económica y la
transición democrática. Queda claro que el plan de Rubio es sólo un enunciado.
De forma deliberada, la palabra estabilización no tiene apellido. ¿Estabilización
política? ¿Estabilización económica? Nadie puede asegurar que las negociaciones
entre el gobierno y un sector de la oposición, que se reanudarán en septiembre,
contribuyan a la estabilización de Venezuela. Esto es lo que se ha ido
desdibujando, perdiendo claridad, porque definición —objetivos políticos y
cronograma electoral—, nunca tuvo.
Desmontar el
aparato chavista, construido con tecnología cubana, no va a ser fácil. Lo
estamos viendo y padeciendo. Es un tira y encoge, como en toda negociación,
pero no es cualquier negociación, porque la caja negra del estamento militar es
como la de un avión que se estrelló en el triángulo de las Bermudas. Desaparecido
en acción. Entonces, no hay claridad y menos aún definiciones.
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