Se prohibe la reproducción total o parcial del contenido de este blog, con fines comerciales, y sin la autorización previa de su autor, Hugo Prieto. Lo reitero, prohibido el hurto.

Háblame

 

Seguimos en el mundo bipolar en el que nos movemos desde el pasado 3 de enero, bajo la sensación de que puede haber un arreglo político, un camino a la transición y un futuro mejor. No quiero ser aguafiestas, pero no veo nada que vislumbre una salida de este laberinto que creó el señor Hugo Chávez y sus seguidores, quienes todavía empuñan la sartén por el mango.

Y no lo veo porque seguimos en la simulación, viviendo en la mentira. En los indicadores del Banco Central de Venezuela, el tipo de cambio es de 777,41 bolívares por dólar y de 906,83 bolívares por euro. Una señal de alarma que nos habla de una economía ruinosa, de un gobierno desbordado por la crisis, de una sociedad que no cree en nadie ni en nada. En paralelo, el Banco Central de Venezuela informa que el Producto Interno Bruto de Venezuela creció 7,14 por ciento, “lo que consolida 21 trimestres de crecimiento”. Hay una contradicción flagrante en esos anuncios. No encierran una paradoja. No es un enigma.

El crecimiento de la economía obedece, básicamente, al aumento de la producción petrolera. Y esto tiene nombre y apellido: Chevron Corporation, cuya división en Venezuela registra una producción que ronda los 280.000 barriles por día. Pero a diferencia de lo que ocurría en el pasado (no voy a hablar del latrocinio del señor Rafael Ramírez en la PDVSA roja rojita), Venezuela tenía una economía petrolera, con un ingreso predecible en divisas (dólares) que financiaban lo que se llamó en el pasado: la economía no petrolera. Para decirlo en pocas palabras. Teníamos petróleo y mucho, mucho comercio. Actualmente, sabemos que el petróleo venezolano lo comercializan los Estados Unidos, que hay una cuenta en el tesoro de ese país donde se depositan los ingresos, vale decir la renta petrolera. Y también sabemos que el gobierno de Donald Trump se ha cobrado de esos recursos el costo de la guerra de 48 minutos que culminó con la captura y traslado del señor Nicolás Maduro a una corte de Nueva York donde enfrenta un juicio por cuatro cargos principales: conspiración por narcoterrorismo, conspiración para importar cocaína a los Estados Unidos, posesión de ametralladoras y artefactos destructivos, y conspiración para poseer dichos dispositivos bélicos.

Entonces, seguimos tenido mucho petróleo, pero la renta obtenida por su venta no está bajo el control soberano del país. No financia la economía no petrolera. No tenemos mucho comercio. No hay mayor actividad económica. No hay estabilidad, señor Marco Rubio. Han transcurrido siete meses desde la operación militar estadounidense y el plan elaborado por el jefe de la diplomacia de los Estados Unidos no ha traído ningún beneficio para el país. A veces pienso que a Venezuela la están exprimiendo, la están saqueando. A veces pienso en el poema de Armando Rojas Guardia.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.