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Las caras lindas... que no dicen nada

 

Hay que tener bolas para aceptar el juicio de la historia. Después de la sangrienta y terrible guerra civil que enlutó a El Salvador, hubo un intento de implantar la democracia —¿liberal?, me pregunto—, en ese país. Los guerrilleros del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, se convirtieron en la némesis de la derecha salvadoreña, ambas tendencias se turnaron en el poder, se empantanaron en el pozo de la corrupción y la complacencia con el crimen organizado para terminar en el autoritarismo y el gobierno sin fin de Nayib Bukele.

Mientras el experimento democratizador naufragaba a manos de una clase política, inepta y corrupta, surgió el nombre de un antiguo guerrillero del FMLN como una opción para dirigir el país. Su nombre: Joaquín Villalobos. La iniciativa también naufragó, pero no en las urnas sino en las manos del antiguo guerrillero. Dijo, palabras más, palabras menos, algo así: en la política salvadoreña hay unas cuantas caras que la gente odia y una de ellas es la mía.

No creo que los venezolanos odien a Claudio Fermín o a Felipe Mujica, ninguno de los dos es responsable directo de la tragedia que vivimos. Tampoco tomaron decisiones que nos llevaron a esta vergonzosa situación en la que se encuentra el país, tutelado por Estados Unidos, luego de la intervención militar del pasado 3 de enero. Lo que la gente reprocha es una actitud vacilante y a veces complaciente con el chavismo. No voy a especular sobre las razones que pudieran explicar tal comportamiento, simplemente, me remito a los hechos. Le han dado el beneficio de la duda a Chávez y luego a Maduro en negociaciones que sólo sirvieron para atornillar a ambos dictadores en Miraflores. Y lo hicieron después que Chávez y Maduro demostraron que la democracia venezolana les importaba un carajo. La negociación que se adelanta en La Carlota tiene alas cortas, tiene escasa o dudosa legitimidad, y su significado político es más que limitado. El chavismo 2.0 que lideran los hermanos Jorge y Delcy Rodríguez, es apenas una corriente dentro de lo que alguna vez fue un movimiento popular; los diputados de la Asamblea de 2015 tienen el aval del reconocimiento de los Estados Unidos, pero ese aval puede ser retirado en cualquier momento. Entonces, las caras de Fermín y Mujica, llegaron para debilitar lo que ya era endeble.

Una fuente me escribe que la negociación que se adelanta en La Carlota no es tal, dado el tutelaje (que ejerce el gobierno de los Estados Unidos), que el acuerdo ya ha sido establecido por el tutor. Es decir, no hay nada que negociar, sólo es cuestión de acordar tiempos.

Acordar un calendario para una elección presidencial. Eso es todo, a pesar de la condición que esbozó Jorge Rodríguez: el compromiso con la soberanía del país. Su hermana Delcy, en funciones presidenciales transitorias, habló de la “batalla diplomática” para recuperar lo que se perdió el 3 de enero. Lo veo muy cuesta arriba, aunque el desafío lo asuma un gobierno legítimo. En la Casa Blanca hay una nueva doctrina política, militar y diplomática, diseñada por el Estado profundo y compartida por un vasto sector de la clase política de ese país. Señores, el Tío Sam llegó para quedarse, derribaron la puerta en la famosa guerra de 45 minutos de la que habló el presidente Trump. Una puerta que el chavismo dejó abierta para que entraran China, Rusia, Cuba e Irán. Aún así no se trata de la sentencia de Alí Primera. No es el mismo musiú con diferente cachimbo.

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