El número es
importante, sin duda. En Venezuela, pese a las recientes excarcelaciones, hay
entre 380 y 600 presos políticos. La diputada Dinorah Figuera, electa en 2015 y
jefa de la delegación opositora que negocia la difícil transición a la
democracia con los representantes del gobierno, ha pedido que se aclare la
cifra. Y, además, hizo una advertencia, “no puede haber transición con presos
políticos”. Para el chavismo, esta solicitud es una pócima envenenada.
Siempre se ha
dicho que el chavismo es una amalgama de intereses políticos y militares. El cemento
que servía de pegamento era Hugo Chávez, pero a raíz de su muerte esa función
unificadora ha perdido consistencia y eficacia. Las contradicciones, las
visiones opuestas, las críticas abiertas, se pusieron de manifiesto y han
aflorado sin cortapisas luego de la intervención militar de los Estados Unidos.
No podía ser de otra forma, porque tampoco hay transición a la democracia sin
justicia transicional. En Venezuela se cometieron violaciones a los Derechos
Humanos y crímenes de lesa humanidad. Recordemos que hay un proceso judicial abierto
en la Corte Penal Internacional, en el que hay expedientes y se identifican a
los responsables.
Lo que sabemos es
que la Cuba castrista asesoró a los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro
en materia de seguridad e inteligencia a cambio de petróleo. La Cuba comunista,
a su vez, había adoptado la tecnología en materia de seguridad desarrollada por
la Stasi, el aparato de control policial de la extinta Alemania Oriental).
¿Qué tanto de esa tecnología se aplicó en Venezuela? Entonces, es mucho lo que
puede salir a la luz pública si se destapa la cloaca del Estado profundo.
Sólo voy a recordar
un antecedente de la amplia participación de Cuba en materia de represión. En
la guerra de Vietnam, cuando un avión estadounidense era derribado por fuego antiaéreo
y el piloto era capturado con vida, lo trasladaban a un lugar donde lo esperaba
un equipo de tortura conformado por cubanos. De esto se habla muy poco, porque
la propaganda del castrismo, era muy eficaz a la hora de encubrir tales
asesorías con mensajes de internacionalismo proletario y canciones como las de
Silvio Rodríguez, uno de cuyos versos reza: Madre en tu día, tus muchachos
barren minas en Haiphong.
Seguramente, las
implicaciones que tiene la asesoría cubana en materia de seguridad, no sólo imponen
una gran interrogante en el chavismo, sino un desafío para quienes buscan
justicia en estos tiempos de oscuridad.
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