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LSD

 

La pirotecnia mediática estalló en el cielo de Caracas. Nos deslumbró a todos con su mensaje: dolarización para preservar los ahorros y el patrimonio de los venezolanos, cortesía del diputado Antonio Ecarri. Ni siquiera los 840.537 proyectiles que iluminaron el firmamento de Washington DC, en 2026, surtieron el efecto deslumbrante de una solución instantánea para corregir el desmadre institucional que vivimos desde 1998.

Jonathan Coles, en su oficina del IESA, me dijo una vez que los venezolanos somos adictos al petróleo. La magia del maná que cayó del cielo, luego de la explosión del Zumaque 1, en el estado Zulia. No nos demos golpes de pecho. Hay otras sociedades adictas al petróleo. La de Estados Unidos, por ejemplo, siempre preocupada por el precio a pagar por el galón de gasolina.

No nos engañemos. De esta crisis no nos salva nadie. Para dolarizar la economía, primero hay que poner orden en casa. (La estabilidad, remember that). La inflación acumulada —entre enero y julio— es de 175,5 por ciento); el déficit fiscal es de 5,8 por ciento del Producto Interno Bruto; la deuda externa se ha convertido en un misterio, pero algunos economistas dan cifras al voleo: alrededor de 180.000 millones de dólares; el riesgo país, según la agencia Bloomberg es de 7.193 puntos, solo para hacernos una idea: el de Colomba es de 887 puntos. Seguimos en Default y necesitamos el aval del Fondo Monetario Internacional para acceder al financiamiento externo.

Antes de dolarizar la economía venezolana, lo primero que hay que hacer es tomar una decisión verdaderamente revolucionaria: expropiar al Estado (la sugerencia la hizo el economista Asdrúbal Baptista, con eso te digo todo). Tengamos en cuenta que bajo el gobierno del señor Hugo Chávez se intervinieron, estatizaron o expropiaron 1.440 empresas, galpones industriales y terrenos.

La propuesta del diputado Ecarri luce extemporánea, por decir lo menos. Pero surtió el efecto de una dosis de LSD. Ecarri, el diputado que se ocupaba de la Educación tomó el atajo de la Economía. La ola mediática, en las redes sociales y la prensa, lo encumbró en la opinión pública, Hasta el diario La Nación de Argentina reverberó con la pirotecnia del diputado Ecarri. Se ganó sus 15 minutos de fama, según el pronóstico de Andy Warhol.  

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