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Se hace lo que se puede o eso es lo que hay

 

La jefa negociadora de la oposición venezolana, la diputada electa en 2015, Dinorah Figuera, levantó las banderas de la esperanza después de su encuentro con el jefe negociador del chavismo (experto en no negociar, aclaro), Jorge Rodríguez. Diría que se trata de una declaración inapropiada. A Figuera la pilló su propio optimismo en posición adelantada. El hecho de que se haya restablecido un mecanismo de diálogo no significa nada en términos políticos. Ya se ha intentado en varias oportunidades y el resultado ha sido nulo. El balance no ha sido otra cosa que un rotundo fracaso. Las comisiones reunidas en la Sala de Convenciones de la antigua base aérea de La Carlota tendrán que demostrar dos cosas. Una, que sus decisiones serán acatadas por las fuerzas políticas que dicen representar. Dos, que nos remiten, a toda la sociedad venezolana, a los hechos y no a las palabras. Decirnos confía, después de la emergencia humanitaria inducida, de la supresión del estado de derecho, de la emigración bíblica y de una sucesión de elecciones tramposas, ¿No es pedir demasiado?

En una ocasión tuve la oportunidad de entrevistar al único político sensato que hay en Venezuela: Ramón Guillermo Aveledo. Mientras yo intentaba desacreditar el diálogo, Aveledo simplemente repetía una y otra vez: “se hace lo que se puede”. Debo confesar que sus palabras sólo alimentaban mi animosidad. ¿Qué carajos significa lo que se puede? En política, eso de que hago lo que quiero porque puedo, es una fórmula para los gobiernos autoritarios, para los aspirantes a dictadores o, simplemente, para los tiranos. Si sientas dialogar es porque estás dispuesto a intercambiar capital político. Esto por aquello. Así de sencillo. El resto es animosidad, que es lo más inútil en una negociación.

A los caudillos y populistas les repugna la realidad, prefieren las fantasías que, por lo general, desembocan en tragedias cuando intentan convertirlas… en realidad. No estoy haciendo un retrato hablado. Me remito al caso del expresidente Hugo Chávez, al brutal naufragio del Socialismo del Siglo XXI.

Entender las palabras de Ramón Guillermo Aveledo me llevó a un proceso de hibernación, tan parecido a una boa que digiere a un oso hormiguero después de haberlo engullido, porque en política dos más dos pueden ser cinco y el tiempo no lo mide un reloj. Un día puede ser una eternidad: como el 11 de abril o como el 24 de junio de 2026 (la acción de la naturaleza que dejó desnudo al Estado). Son horas o minutos que se convierten en una eternidad. Quizás sea apropiado recordar un comentario que me hizo Virginia Betancourt para intentar entender la sentencia de Aveledo. Me dijo ella que le preguntó al hombre de la pipa. “¿Papá, por qué siempre te reúnes con militares? ¿Por qué no te reúnes con maestros, con médicos? Y la respuesta de Rómulo fue la siguiente: porque si no me reúno con ellos, me tumban. Entonces, sí. Se hace lo que se puede.

Y ese es el marco de la negociación que se adelanta en La Carlota. Hacer lo que se puede. No hay otro. Es una ventana de oportunidad muy estrecha. Pero es una ventana al fin. La vida es pura dificultad y de la fumarola del Vaticano no siempre sale humo blanco. Pero eso es lo que hay. Y el significado de esta frase si es verdad que lo hemos internalizado los venezolanos en estos 29 años de oscuridad, de patadas a la mesa, de aventuras golpistas, de destrucción institucional. Entonces, hay que empezar por algo. Y si ese algo nos dice algo a los venezolanos, quizás la diputada Figuera pueda levantar las banderas de la esperanza.  

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