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El mundo chic

 

Al margen del momento de oscuridad que se vive en el mundo entero, tenemos la cobertura que los medios han hecho de la comparecencia de la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez. Desde el momento en que se baja de la camioneta que la traslada a la sede de las (cada vez más intrascendentes) Naciones Unidas hasta el saludo cheek to cheek con el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez.

Rodríguez, más que presidenta en funciones, parece una influencer, en cada una de sus audiencias hubo cambio de look, quizás con la intención de opacar a la primera ministra de Italia, Georgia Meloni. Apoyada, además, en su ministro de comunicaciones, el histriónico Miguel Ángel Pérez Pirela. La cuenta de IG rebosante de entusiasmo, porque la voz de Venezuela se escuchó en todo el mundo, con su mensaje de paz, y multilateralismo, una mención discordante con su mandante y tutor, Marco Rubio, eso sí, sin llegar a hacerle el feo a Donald Trump.

Como si se tratara de una visita al principado de Mónaco, la presidenta en funciones se reunió con representantes del Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo, visitas cuyo propósito es abrir las puertas de las instituciones de crédito a Venezuela, valga decir el regreso por todo lo alto a Wall Street, donde nos espera el lobo de Wall Street.

En estos momentos las firmas contables de los amigos de Trump sacan cuentas para cuantificar la abultada deuda de Venezuela, cuyo monto asciende a 240.000 millones de dólares, lo que representan más del 240 por ciento del Producto Interno Bruto; apenas por debajo de Japón, que es el país más endeudado del planeta (260 por ciento). ¿Pero qué me dices de nuestras fortalezas si las comparamos con las del Imperio del Sol Naciente? Empecemos por la primera: recuerda que lo mejor que tiene Venezuela es su gente.

Llegó la hora de pagar la pachanga que montó Hugo Chávez, desde el primer día en que tomó posesión de la Presidencia, el pasado 2 de febrero de 1999. Son 28 años de despilfarro, incompetencia y fantástica corrupción, algo que su hijo, el presidiario Nicolás Maduro, aderezó con crímenes de lesa humanidad, terrorismo de Estado y abierta dictadura.

La corrupción y desinversión en el sistema eléctrico hay que pagarla. Las tarifas inclusivas de los servicios públicos, que ni siquiera cubren los costos de operación, hay que pagarlas. En fin, el cascarón vacío en que el chavismo convirtió la infraestructura del país, hay que rehabilitarla y pagarla. Y se hará con el dinero prestado que llegará a Venezuela gracias a las gestiones de la señora presidenta, Delcy Rodríguez.

La defensa de Venezuela en la ONU la hizo el presidente de Brasil, al pedir que seamos los venezolanos los que decidamos nuestro propio destino. En cambio, el presidente Trump nos recordó que el botín —valga decir 65.000 millones de barriles de petróleo— es para el ganador de una guerra que apenas duró 48 minutos, la más corta desde la Edad de Piedra.

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