Dicen que el
hombre es el único animal que tropieza con la misma piedra. Y, al
desconocer la historia, estamos condenados a repetirla. No estoy
diciendo nada nuevo, por eso subrayo en itálicas lo que hemos escuchado o leído
hasta la saciedad. Los años de la década de 1930 están de vuelta, así como las
franquicias 2.0 de la ultraderecha en países como Italia, Alemania, Reino
Unido, Francia, España y otros países europeos. Parece un virus, una enfermedad
contagiosa. La psiquis colectiva jugando con la locura. Aunque no hay réplicas
de Mussolini o Hitler, quienes hipnotizaron y cautivaron a sus pueblos para
llevarlos a la mayor destrucción que ha conocido la Historia. La construcción
del totalitarismo en sus más refinadas variantes.
Si, los años
30 están de regreso, me dijo Ewald Scharfenberg, el periodista a quien le
debemos el portal Armando.info, cuyos trabajos de investigación periodística
retratan, fielmente, la corrupción de la era chavista.
No menciono
a los Estados Unidos, porque ese país tiene sus especificidades. Phil Tinline
ha escrito un breve, pero revelador ensayo a propósito de la conmemoración de
los 250 años de la Declaración de Independencia, cuyo autor es Thomas
Jefferson. Tinline se lamenta porque la efeméride ha coincidido con la
presidencia de un político francamente divisor, como lo es Donald Trump. Y
dentro de esta especificidad, hay una pulsión a lo largo de la historia
estadounidense señalada por Tinline: una corriente subterránea de rabia
abrumadora y desmedida, que suele estallar, de forma intermitente, en
manifestaciones increíbles de violencia racial y política, que marcaron la
prosa de Philip Roth.
La distopía ha
sido una fuente fecunda del arte. En la década de 1930 se escribieron, entre
otras novelas, Las Uvas de la Ira, en Estados Unidos; El Hombre sin
Atributos, en Austria y El Castillo de Udine, en Italia, en todas
ellas hay un trasfondo de sociedades hundidas en profundas crisis y sueños
perdidos. Los locos años 30 tan fructíferos como inquietantes. Las grandes
corrientes de la pintura y la música, la era del jazz.
No creo que
lleguemos a tanto, embrutecidos por una vida virtual que no es vida, subyugados
por una revolución tecnológica que es un arma de doble filo y amenaza a la
humanidad y por la silenciosa construcción de una burbuja que nos encierra en
nuestra propia individualidad.
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