Me llega al
wasap un anunció del Centro de Estudios para el Desarrollo Social y Humano,
tanque de pensamiento que preside el sociólogo y profesor universitario, Elías
Jaua, quien además fue vicepresidente de la república en el gobierno del
expresidente Hugo Chávez.
El aviso en
cuestión promociona un seminario presencial/en línea titulado: “VENEZUELA
POST PETROLERA HACIA UNA TRANSICIÓN SOCIALISTA BOLIVARIANA Y LA DIALECTICA
PLANIFICADORA”, a cargo del maestro Jorge Giordani. Una mezcla de sorpresa y alarma
se activa de inmediato. Escribo una respuesta. ¿Es en serio? Pero no recibo
respuesta. Navego entonces por Internet y me encuentro con la página web del Cedes,
cuya sede física está ubicada en la urbanización La Florida.
Ah, estos
muchachos no aprenden. Son parte de esa izquierda megatherium que, como
diría Petkoff, ni perdona ni olvida. Siempre me ha llamado la atención
que, al mayor de estos muchachos, Carlitos Marx, sus seguidores lo hayan
convertido en una especie de Jesucristo. Su obra en numerosos dogmas y El
Capital en una suerte de Biblia.
Por estas
razones, estos muchachos no van a cambiar de opinión nunca. Y el título del
seminario es una prueba de ello. A pesar de las evidencias que arroja la
historia: totalitarismo, crímenes de lesa humanidad, sometimiento del
individuo, pensamiento único, control absoluto de la vida pública y privada,
control de la política y de la economía, se insiste, se persevera, con la fe de
los creyentes.
Por eso hay
que insistir, a pesar del fracaso estruendoso del proyecto bolivariano, del
cual tanto Jaua como Giordani formaron parte.
Se reivindica
a la Cuba castrista, a la Venezuela de Hugo Chávez, al presidente mártir,
Salvador Allende, y las consignas de Lenin, “a desechar las ilusiones y
prepararse para el combate”. No hay remedio para esto, no hay cordón sanitario
que lo impida. Es parte de la naturaleza, del embrujo y de la creencia absoluta
en la salvación, algo que no existe. Al igual que en la religión, el marxismo
se ha inventado unos problemas que no existirían, si no existiera el marxismo. Lo
peor es cuando la religión (y el marxismo es una de ellas) se convierte en
ideología. Entonces, aparecen personajes como Mao Zedong, Pol Pot, Abimael
Guzmán, Fidel Castro, criminales que ordenan asesinatos para purificar al ser
humano.
El
socialismo es miseria. No hay otra forma de definirlo. Lo ensayaron en Rusia,
en China, en Vietnam, en Cuba, en toda Europa del este. Detengámonos en el
ejemplo de Vietnam. Después de la desastrosa intervención de los Estados Unidos
en ese país, la economía cayó en bancarrota. Es cierto que la guerra hizo lo
suyo. Pero lo que vino a profundizar la crisis fue la cartilla del socialismo.
En 1976, luego de la unificación de Vietnam, la dictadura comunista aplicó el famoso
plan de la economía centralizada. El crecimiento del PIB fue del 11 por ciento,
por un efecto rebote que se desvaneció casi de inmediato, debido a la
colectivización del campo; el ingreso per cápita fue de 150 dólares por
habitante (el mismo que había al finalizar la guerra), la inflación fue del 128
por ciento, debido a la escasez y al control de precios. Esto es como una
ranchera mexicana, me hace llorar.
Y tienen sus
seguidores, sus aspirantes a brujos y a asesinos.
Apuesto a
que el señor Giordani asistirá al seminario con su cachucha leninista. No
faltaba más.
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