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Hundidos en el excremento del diablo

 

El coctel era explosivo y una vez que comenzó el debate, estalló en un intercambio de ideas y de prismas políticos. A la mesa se sentaron Juan Pablo Pérez Alfonzo, Domingo Alberto Rangel, Pedro Duno, Fernando Martínez Galdeano, Iván Loscher y Kim Faud.

Toda la discusión se editó en forma de libro por Vadell Hermanos, en 1976. Un año después de la nacionalización petrolera en Venezuela.

En la portada del libro aparecen Domingo Alberto Rangel a la izquierda y Juan Pablo Pérez Alfonzo en primer plano, a la derecha.

A lo largo de las páginas se entiende claramente que la política y la economía, como decía Asdrúbal Baptista, son la misma cosa. El año 1945, y un día en particular, el 18 de octubre, es objeto de un análisis que gira, especialmente, en un toma y dame entre Pérez Alfonzo y Domingo Alberto Rangel. Sorprende, por ejemplo, que Pérez Alfonzo era partidario de nacionalizar el petróleo, en un país que seguía hipnotizado por Rómulo Betancourt en su faceta de agitador político. Obviamente, el reflejo de la nacionalización del Petróleo en México reverberó en Venezuela a un grado de temperatura superior al punto de ebullición. El tema se discutió en el trienio adeco, pero Betancourt, que ya era un reformista —afortunadamente—, se opuso. El punto de Pérez Alfonzo es que una decisión de ese calibre hubiese provocado una intervención militar estadounidense. Venezuela mordería el polvo de la derrota, pero en ese momento se crearía una conciencia nacionalista alrededor del petróleo. Y eso, para Pérez Alfonzo, habría sido una ganancia. En la derrota de una guerra justa hay una dignidad que jamás veremos en la victoria.

Diría que los venezolanos, en más de un siglo de explotación petrolera, no hemos construido una conciencia nacionalista alrededor de una riqueza que no se vende puerta a puerta. Nuestro vínculo es atávico, meramente crematista. Ultimas Noticias, el diario de los sectores populares, suele incluir en su portada, como noticia de segunda importancia, la cotización en dólares del barril petrolero. Un precio elevado nos apacigua, nos tranquiliza, porque el dinero va a fluir hasta el rincón más humilde y lejano del país. Siempre hemos tejido un pensamiento mágico alrededor del petróleo.

En su segundo mandato, esta vez elegido en las urnas, Betancourt no nacionalizó el petróleo, pero dejó en manos de Pérez Alfonzo la creación de la OPEP, el cártel odiado por los Estados Unidos, cuyo objetivo era defender los precios del petróleo. Hubo un ajuste y 15 años después, la decisión de nacionalizar la toma el expresidente Carlos Andrés Pérez.

Y aún así no hemos construido una conciencia nacionalista alrededor del petróleo. Pero eso no quiere decir que nuestro desdén, nuestra actitud, francamente irresponsable y suicida frente al acuerdo que ha suscrito el gobierno de la presidenta interina ¿? Con el Pentágono, no acarre consecuencias perniciosas para el pueblo venezolano, entre otras cosas, porque no se trata de un acuerdo político sino un mero negocio entre un particular y un magnate que gobierna en Estados Unidos. Nuestro silencio y desapego es realmente inmoral.

El giro de la frase que titula esta nota es propiedad de Juan Pablo Pérez Alfonzo. Ahora más que nunca tiene vigencia y actualidad.

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