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El verbo estabilizar

 

La intervención militar de los Estados Unidos en Venezuela ha resultado un fiasco en todo sentido. La historia que se está escribiendo después del 3 de enero no es otra cosa que humillación y despojo. El famoso plan del jefe de la diplomacia sólo es un enunciado. Un pote de humo.

No hay una sola señal de cambio que apunte a la “estabilidad” del país. Los ingresos petroleros de Venezuela, vitales para el desenvolvimiento de la economía, son administrado por el gobierno del señor Donald Trump, a su real saber y entender. Se han inyectado más de 6.000 millones de dólares para “estabilizar” el tipo de cambio, pero lo único que han conseguido es incinerarlos en las mesa de dinero de la banca y las casas de cambio. La presidenta encargada ¿?, Delcy Rodríguez, afirma que la economía ha crecido durante 21 trimestres consecutivos. Una cifra que no le dice absolutamente nada a los venezolanos de a pie, por la sencilla razón de que sólo refleja el aumento de la producción petrolera de empresas Chevron y Nabep, esta última liderada por el cuestionado empresario Alejandro Betancourt, cuyos buenos oficios sirvieron para que el chavismo reciclado retuviera el poder, luego de “la extracción” del presidente en ejercicio, Nicolás Maduro.

Entonces, sí. Ha habido estabilidad para que el señor Betancourt pueda hacer negocios con el Pentágono y se haga acreedor de una concesión petrolera por 25 años, que encierra la bicoca de 65.000 millones de barriles de petróleo. ¿Estabilidad? ¿Con qué se come eso? Me dio envidia cuando escuché a Leo Messi hablar de los argentinos que no pueden llegar a fin de mes. ¡Oh, que privilegio! En Venezuela hay mucha gente que no llega ni a las seis de la tarde.  

Ante el deslave de críticas que cayó sobre el acuerdo anunciado por el presidente Trump, el señor Rubio hizo lo propio al anunciar, a su vez, la próxima ronda de negociación entre el representante del gobierno, Jorge Rodríguez y la presidenta de la Asamblea Nacional electa en 2015, la exdiputada Dinorah Figuera quienes lideran los equipos que negocian la reinstitucionalización del país. Y la pregunta es. ¿En Venezuela no hay una Constitución que vertebre la conformación del Tribunal Supremo de Justicia y del Consejo Nacional Electoral? ¿Por qué no se aplica? Ah! La transición a la democracia sube por la escalera y los negocios por el ascensor.

Venezuela es un país cautivo y amordazado. El liderazgo político sigue en el exilio. La crisis económica es un tormento. Las expectativas son una frustración. Y haber elegido a un socio que ha invertido mucho dinero para eludir a la justica no es sino una burla, una humillación. Quizás se está incubando el estallido de una revolución espontánea. Entonces, sabremos el significado de la palabra estabilidad.

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