La
corresponsal del diario El País en Caracas, María Martín, escribe un
artículo que titula “Nadie en Venezuela quiere criticar a Estados Unidos:
“No sé si debo temer a la CIA”. Se trata de una nota en la que todos sus
entrevistados, a excepción de Henrique Capriles, le piden que sus nombres sean
omitidos, porque van a ser comentarios sobre temas de seguridad personal.
No seré yo
el que diga que a lo largo de esta maldita pesadilla no tuvo miedo. Sobre todo,
en 2017, año en que la sociedad civil salió a las calles para pedir un
referéndum revocatorio para sacar de Miraflores al dictador Nicolás Maduro. La
osadía de invocar un derecho consagrado en la “mejor Constitución del mundo”, dejó
en las calles entre 127 y 163 venezolanos asesinados por las fuerzas militares
y policiales del régimen encabezado por el dictador Nicolás Maduro. Miedo a la
escasez más aguda de medicinas y comida. Miedo al aviso, luego confirmado, de
un apagón nacional de electricidad. Miedo al terror como política de Estado.
El año 2017
está muy presente en el ánimo de los venezolanos. Las violaciones a los
Derechos Humanos, los crímenes de lesa humanidad, los tratos degradantes y
crueles documentados por la Comisión de Determinación de Hechos de las Naciones
Unidas.
En la nota
del diario El País los dirigentes opositores en el exilio confiesan que
nadie se atreve a criticar el acuerdo petrolero al que llegó El Pentágono y el cuestionado
empresario, Alejandro Betancourt, investigado por la justicia de Suiza, España
y el Reino Unido.
¿A qué le
temen?, pregunta la periodista del periódico madrileño. “A que no nos tomen
en cuenta, a que nos saquen del juego o tengamos problemas con la visa. Hay
tantos temores que uno ya ni sabe. Nadie critica a Estados Unidos ni de vaina”.
¿En que carajos
estaba pensando el “opositor” que dio estas declaraciones? ¿En su visa para
poder pasearse por la calles de Miami o Nueva York? No creo que la CIA esté
detrás de este caballero, no es Osama bin Laden ni mucho menos, no es el Niño
Guerrero para poner un ejemplo más apropiado a Venezuela. Lo que si puedo decir
es que detrás de esta palabra se esconde una tremenda cobardía, política e
intelectual. Son estos señores los que nos llevaron a las calles en 2017, a
unas protestas inútiles. Seguro que nunca les han dado la cara a los padres de Juan
Pablo Pernalete.
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