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Yo simulo, tú simulas

 Lo lamento por la señora Dinorah Figuera, pero las conversaciones que su equipo ha sostenido con el que lidera el representante del gobierno, el diputado Jorge Rodríguez, no es otra cosa que la misma interpretación de una melodía que ya conocemos. Muy lenta, aunque quizás más afinada. Todos los temas que se discuten en esa mesa, sobre los cuales se anuncian acuerdos, se ejecutan a medias. Se liberan a presos políticos, pero no a los que siguen siendo personas de interés para el chavismo; se levanta el cepo a portales informativos, pero no a los que buscan la verdad, algo muy distinto a informar y, finalmente, se habla de elecciones, en un orden que sigue lo establecido en la Constitución, con el pequeño detalle que esa misma Constitución fue violentada por la cúpula gobernante. Al parecer, habrá elecciones presidenciales en 2030. Delcy Rodríguez, la presidenta encargada ¿?, completará el mandato de Nicolás Maduro, como si su ausencia fuese un episodio fortuito y no la “extracción” que hicieron las fuerzas militares de Estados Unidos. El chavismo ha comprado tiempo. ¿No es esto lo que ha hecho cada vez que se sienta en la mesa a conversar?

Hay que darle crédito a José Ignacio Cabrujas cuando habló del Estado del Disimulo. Tenemos una ficción institucional, actualmente reforzada por el tutor, que se ha garantizado sus intereses, que no son, precisamente, los intereses de los venezolanos.

Un capítulo aparte es el caso de María Corina Machado. No ha podido regresar al país y cuando le preguntan a Jorge Rodríguez si el gobierno lo impide, dice como un comediante. No, por Dios. ¿Quién se lo impide? ¿El tutor Marco Rubio? Porque la señora Machado tiene las maletas hechas, pero no se puede subir al avión.

Esta misma semana he intercambiado mensajes de voz con una periodista colombiana que ha seguido de cerca lo que ocurre en Venezuela. Me dice que va conduciendo y en la radio ponen una ranchera mexicana, a todos diles que sí, pero no les digas cuando. Y esto, dicen los locutores de la emisora, es lo que ha hecho Delcy Rodríguez. Mejor imposible.

Desde hace mucho tiempo he sostenido que la transición venezolana iba a ser la más vergonzosa de toda América Latina. A los hechos me remito, han transcurrido ocho meses desde el nefasto 3 de enero, y la criatura que ha visto la luz después del parto es un pequeño Frankenstein que mezcla lo peor de la política y frustra las expectativas de los venezolanos. Por cierto, ¿Quién se anima a defender la soberanía de Venezuela?  

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