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La famosa seguridad jurídica

 

Desde que empecé mi carrera periodística, escuché una letanía por los lados de Consecomercio, el IESA y otras organizaciones vinculadas al sector privado: la ausencia o la precariedad de la seguridad jurídica en Venezuela. El marco legal no era el adecuado para estimular las inversiones y los negocios. Una de las perlas mas relucientes de esa letanía tenía que ver con el gobierno de Rómulo Betancourt, ganadas las elecciones de 1958. Aprobada la Constitución de 1961, el gobierno suspendió las garantías constitucionales y económicas. Detrás de este argumento había mucha hipocresía, sobre todo en las décadas de 1980 y 1990.

Betancourt estaba muy consciente, incluso en sus años de exilio, de que la fuerza política del Partido Comunista no se podía ignorar, no era nada despreciable. Tomemos en cuenta, además, que la Revolución Cubana ladraba como un perro rabioso en toda América Latina. Desde el punto de vista económico, se reimpulsó la doctrina de sembrar el petróleo a través de la Corporación Venezolana de Fomento, creada en 1946 y atacada luego por el cáncer infinito de la corrupción. La osadía empresarial de crear un partido político, con Pedro Tinoco a la cabeza, no prosperó porque el empresariado se sentía bastante cómodo con la democracia venezolana y el auxilio que les prestó la socialdemocracia a la que se plegó Acción Democrática.

Luis Herrera habló de los empresarios llorones, de las empresas quebradas y los empresarios ricos; en su segundo gobierno, Carlos Andrés Pérez se propuso abrir la economía a la competencia internacional y las élites venezolanas, incluida la famosa Confederación Venezolana de Trabajadores, le pusieron la zancadilla que luego aprovechó Hugo Chávez para poner en marcha el golpe de Estado y su proyecto político, en el que la seguridad jurídica era el propio Chávez.

Una de las cosas que los inversionistas y el departamento de Estado reclaman, en este inaugurado protectorado, es que en Venezuela no hay seguridad jurídica. Y así no se pueden atraer inversiones ni hacer negocios. Lo que no nos han dicho es que la famosa seguridad jurídica servirá además para dejar atado, bien atado —la frase es del general Franco—, el país tutelado, el protectorado, la neocolonia o como ustedes la quieran llamar.

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