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La dimensión de la catástrofe

 

Teníamos una economía petrolera hasta que el señor Rafael Ramírez la destruyó, la volvió mierda. Pero antes, el señor Hugo Chávez le entregó PDVSA limpia de escuálidos que no creían en el sueño de la Venezuela bonita y menos en el mar de la felicidad. Recordemos que el paro petrolero fue un ardid planificado por Fidel Castro y ejecutado por su mejor alumno en Caracas, para descabezar a PDVSA. Destruir siempre es más fácil que construir. Tomaron el control de la industria y la convirtieron en un cascaron vacío a punta de corrupción y pésima gestión.  

Recuerdo que, en 2009, en mi pasantía por el diario Últimas Noticias entrevisté al politólogo español, Juan Carlos Monedero, poco antes de que asumiera su cátedra en la Universidad Complutense de Madrid, Monedero arrojó dos críticas que eran como hierro fundido sobre la modorra del chavismo. Una dirigida a Chávez, a quien le advirtió el daño irreparable que podía causar su “hiperliderazgo”; la otra dirigida a la juventud venezolana que, en esos años, debería estar inmersa en el gran debate que Monedero planteo en una sola pregunta: ¿Qué vamos a hacer con el petróleo?

Ni Chávez escuchó ni los jóvenes se dieron por aludidos. Transcurridos siete años del paro petrolero, del humillante despido de sus ejecutivos transmitido en cadena nacional, el Estado y particularmente Rafael Ramírez, pudieron enviar al exterior a los mejores estudiantes venezolanos para que se formaran en universidades de países con una sólida matriz energética anclada en el petróleo, formar a una gerencia que llevara adelante los planes de Chávez que, vaya usted a saber, coincidían con los de la oposición, a saber: elevar la producción a seis millones de barriles por día. No tenían que pensarlo mucho, a la mano tenían el mecanismo de Cadivi. Pero el chavismo le tiene fe a la universidad de la vida.

Es así como llegamos al descalabro que se inició en 2013, con la presidencia del señor Nicolás Maduro: el hijo que le cambiaron a Chávez en la maternidad y, al día de hoy, tenemos que tolerar el tutelaje del gobierno de Donald Trump, agradecerles, además, el acuerdo histórico al que El Pentágono llegó con el cuestionado y nunca bien ponderado, Alejandro Betancourt. Acariciar el futuro y soñar con la sorpresa que nos anuncia Chris Wright, “Verán a una petrolera muy conocida” desembarcar en Venezuela.

Creo que el país no cuenta con el capital humano para poner en funcionamiento los taladros que se necesitan para extraer el petróleo, ni el personal capacitado para hacer “sísmica” en la faja petrolífera del Orinoco. Quizás vengan unos venezolanos como ejecutivos de las empresas que van a encarar el desafío que impone una cesta petrolera de crudos pesados y extrapesados, pero lo harán con la cachucha de una transnacional. Vendrán a conectarse de alguna forma con este destruido país. Es algo que valoro y deseo, porque nos veremos reflejados en eso que perdimos, la venezolanidad.

Hemos regresado a los campos petroleros por culpa del chavismo. Y como en varios países de África será difícil conseguir a un chofer que pueda conducir un camión. No te digo nada de electricistas, albañiles, plomeros, porque también se pintaron de colores, después de despedirse de nosotros, al pie del muro de la diáspora en que se convirtió la obra de Cruz Diez, en el aeropuerto de Maiquetía.

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