El acuerdo petrolero al que llegaron los Estados Unidos y Venezuela, sigue protegido —en su letra pequeña— por las partes involucradas. El ganador del premio gordo es Alejandro Betancourt, un hombre investigado por lavado de dinero en Suiza y España. Ahora sabemos que el gobierno estadounidense intervino ante las autoridades suizas para que Betancourt se moviera con total libertad en aviones privados entre Londres, Washington y Caracas.
El portal Axios ubica a Betancourt en las negociaciones que
tuvieron lugar en Doha, en las que representantes autorizados del gobierno de
los Estados Unidos le ofrecieron una salida por la puerta de atrás al entonces
presidente en funciones, Nicolás Maduro. Se habló de un exilio dorado en
Turquía, pero Maduro se echó para atrás y la narrativa antiimperialista se
deslizó como una riada en los órganos de información que controla el chavismo.
Se van revelando algunos detalles, pero aún quedan cabos
sueltos. Al parecer, Betancourt tiene acceso no sólo a los hermanos Rodríguez,
sino a la cúpula del poder chavista. Lo que viene a confirmar que el Estado, el
PSUV y el poder militar son una sola estructura. Vieja receta de la asesoría
cubana. Betancourt ha reemplazado a Alex Saab como negociador ante la Casa
Blanca. Dentro de 25 años, cuando se desclasifiquen los documentos secretos del
gobierno de Trump, se podrá saber si Betancourt tenía acceso directo al
Departamento de Estado, si conversaba con fluidez con Marco Rubio. No servirá
de mucho, porque en 25 años, precisamente, vence la concesión petrolera que, a
decir de Donald Trump, es un regalo de Venezuela al pueblo de los Estados
Unidos.
Se equivocan quienes afirman que cualquier arreglo petrolero
con la gran potencia del norte tiene que incluir una suerte de cláusula que
allane el camino para la ansiada transición a la democracia. Trump va a terminar
su segundo mandato el 20 de enero de 2029. Tiene un lapso de 28 meses para
poner a funcionar la maquinaria que arrojará 65.000 millones de barriles hacia los
surtidores de gasolina en todo los Estados Unidos. Quizás, si vienen con todos
los hierros, maten dos pájaros de un solo tiro. Por una parte, duplicarán las
reservas de petróleo de ese país. Y, por la otra, darán luz verde para que en
Venezuela se realicen elecciones creíbles y auditables en diciembre de 2028. Para
entonces, la rechazada Delcy podrá elevar vuelo como el ave fénix y competir
como candidata a la presidencia. No olvidemos lo olvidadizo que es el pueblo
venezolano.
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