Se prohibe la reproducción total o parcial del contenido de este blog, con fines comerciales, y sin la autorización previa de su autor, Hugo Prieto. Lo reitero, prohibido el hurto.

La oportunidad perdida

 

En 1997, un año antes de que el teniente coronel Hugo Chávez asaltara el Estado venezolano, con la anuencia de las élites y el 53 por ciento de los venezolanos, Petróleos de Venezuela diseñó un plan para enfrentar el desafío que nos planteaba la globalización. Una autopista que nos conectara con el mundo, mediante la expansión de la producción petrolera hasta alcanzar los seis millones de barriles diarios. ¿Les suena esa cifra?

Una decisión que tomaron los Estados Unidos y sus aliados —la globalización— marcaba el inicio, en el cual Venezuela tenía poco que decir. A no ser que el petróleo de la faja del Orinoco entrara en la ecuación energética de la economía mundial. Algo que los gerentes de la industria tenían muy claro.

 Como potencia energética, la autopista que diseñaron en PDVSA tenía cuatro canales: petróleo, gas, hidroelectricidad y carbón. El superávit que le quedaba al Estado se calculó en 190.000 millones de dólares. El plan contemplaba un fortalecimiento de las reservas internacionales (20.000 millones de dólares), lo que dejaba en caja, cancelada la deuda externa del sector público y privado, un margen de 120.000 millones de dólares para financiar los programas de desarrollo no petroleros.

Los ejes de este ambicioso plan de PDVSA tenían como soporte la asociación con empresa privada: Petrozuata, Sincor, Cerro Negro, Hamaca y el proyecto Corpoven Exxon Mobil. Para el año 2.000, el impacto social cambiaría la faz de la tierra al oeste de la ciudad de Barcelona, mediante el desarrollo urbano de 1.200 hectáreas, en las que se iban a construir 35.000 viviendas para 200.000 venezolanos. Y todo esto con el pulmón de la segunda corporación energética a nivel mundial, después de Saudi Aramco, el gigante petrolero de Arabia Saudita.

Los señores de la izquierda, particularmente Alí Rodríguez Araque, se plantaron en el extinto Congreso de la República para dinamitar lo que conocimos como la Apertura Petrolera. La izquierda siempre ha sido nacionalista y lo que no se dice es que el nacionalismo esconde una pulsión xenófoba. Y ya saben: el imperialismo, el odio gratuito a los Estados Unidos, el hegemón del norte.

En el fatídico 1998, la democracia venezolana se vino abajo como un castillo de arena. El plan se engavetó. PDVSA se convirtió en una caja negra, mucho más negra de lo que señalaban los señores de la izquierda. Sus gerentes fueron despedidos de una forma humillante en cadena nacional. Rodríguez Araque fue designado embajador en Cuba, el país al que Chávez bautizó como el “mar de la felicidad” y el señor Jorge Rodríguez le endilgó el apelativo de “nuestra hermana Cuba”. Se hicieron los acuerdos para enviar 100.000 barriles de petróleo al día al régimen de La Habana a cambio de la misión médica, las capacidades deportivas y los acuerdos —nunca develados— en materia de seguridad y control político de la población.

Alí Rodríguez, el político que esgrimió posturas y argumentos sustentados en información, terminó siendo nuestro hombre en La Habana. Se comportó como un comisario político de Cubazuela, siguiendo la máxima de Raúl Castro: “Cada vez más somos la misma cosa”.

Y ahora llegamos a este acuerdo vergonzoso y entreguista con los Estados Unidos, donde PDVSA no cuenta porque es un cascarón vació, producto de la ineficacia y la corrupción. Pero tenemos como contraparte venezolana a un bolichico, el hombre que no ha sido investigado por la justicia estadounidense, aunque tiene abiertas averiguaciones por lavado de dinero en España y Suiza. 65.000 millones de barriles en una asociación con el Pentágono, de los cuales Estados Unidos podrá comprar el 20 por ciento a precio de costo. Esto es 13.000 millones de barriles de los cuales el Estado venezolano no recibirá ni un solo dólar. Si que la hicieron bien estos señores.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.