Se prohibe la reproducción total o parcial del contenido de este blog, con fines comerciales, y sin la autorización previa de su autor, Hugo Prieto. Lo reitero, prohibido el hurto.

Un momento de compasión

 

Hace algún tiempo leí un libro de cuentos del autor alemán, Ferdinand von Schirach, titulado Crímenes. El relato en cuestión, al que me voy a referir hoy, se titula El etíope. No voy a recurrir a la IA para que me haga una sinopsis, simplemente apelaré a mi memoria. El relato narra la historia de un tipo que se gana la vida como guardaespaldas en una discoteca. Un día se ve envuelto en una reyerta, producto del microtráfico. Se produce una pelea y este tipo huye al aeropuerto, se sube a un avión pensando que aterrizará en cualquier otra ciudad alemana, pero el vuelo lo lleva a Adis Abeba, la capital de Etiopia. Se refugia en las montañas, conoce a una mujer, se enamora de ella, tiene dos hijos y construye un funicular para aumentar la productividad de los agricultores de café. Hasta aquí, parece un cuento de hadas. Pero ya sabemos que esos cuentos no existen.

Estimulado por su nueva vida, nuestro personaje acude a la embajada de Alemania para sacar un pasaporte. La persona que lo atiende le pide que espere un momento y al rato regresa con dos policías que lo detienen, lo extraditan a Alemania, donde enfrenta cargos y su vida cambia de rumbo y de sentido.

No los voy a fastidiar hablando de literatura y de la prosa de von Schirach. Simplemente, voy a recordar que a un venezolano que vivía en Estados Unidos, lo detuvo el ICE, ese cuerpo de la Gestapo estadounidense, lo subió a un avión y ese venezolano se bajó en una ciudad de Liberia, un país africano apadrinado por los Estados Unidos para que los esclavos traídos de África pudieran regresar al continente. En la reseña periodística de esta “extracción” —ojo, no confundir con la del 3 de enero—, el venezolano agradeció que al menos estaba en libertad.

Volvamos un momento al relato de von Schirach, “el etíope” enfrenta el juicio, lo condenan. Su abogado, que es el propio autor del relato, lo defiende, cuenta su historia y el mismo jurado que le impone la condena, reúne entre sus integrantes el dinero para que el reo vuelva a Etiopia con su familia. Se trata de una muestra de compasión y empatía que ninguno de los políticos venezolanos, tanto chavistas como opositores, han tenido con el venezolano. Ni siquiera han denunciado su caso, no vaya a ser que les anulen sus visas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.