¿Por qué
permanecemos inermes ante lo que esta ocurriendo? No tengo una respuesta para
esta pregunta, sólo me atrevería a plantear una hipótesis. Lo más perverso del
poder, en manos de un militar como Hugo Chávez, no sólo es su vocación
totalitaria, cuyos albores podemos encontrar en los famosos papeles del 4-f,
sino la lógica totalitaria que, una vez amparado por la asesoría cubana,
implantó con enorme éxito en la sociedad venezolana.
El proyecto
político de Hugo Chávez consistió en acumular y ampliar su base de poder. Lo
hizo desde el mismo momento en que juro sobre la “moribunda” Constitución del
año 1961 y luego, en el acto de los próceres, cuando justificó el robo, como
una forma legítima de sobreponerse a los desafíos que nos impone la vida. La práctica
de una forma expedita de justicia por mano propia.
A lo largo
de su mandato cooptó todas las esferas de la vida pública y las puso a su
servicio. No sólo los pilares de la vida repúblicana —la famosa separación de
poderes—, cosa que ya sabemos hasta la saciedad, sino la mente y el espíritu de
los venezolanos. Lo hizo a través de su poderosa capacidad de comunicación y de
su carisma, potenciados por técnicas de propaganda propias del mundo
totalitario. Sus instrumentos de represión se expandieron para controlar a la
gente a partir del miedo, de los juicios sumarios, en los que se denegaban
todos los derechos de las personas, culpables o no de delitos inventados por un
poder legislativo obediente y a sus órdenes. La máquina del miedo nos avisó de
distintas formas. Una citación judicial, una desaparición forzosa, la tortura
como política de Estado, la denegación de justicia, la muerte en las cárceles
de personas a las que se les negó asistencia médica, la represión a mansalva de
manifestantes desarmados, el uso deliberado de la fuerza desproporcionada. Todo
dentro de un paquete diseñado para concentrar y expandir el poder del chavismo.
Ahí radica
el capital político de la cúpula que gobierna en Venezuela. Y lo ha puesto al
servicio del gobierno de Donald Trump, al servicio de los intereses de los
Estados Unidos. Esta conjunción de objetivos compartidos, se ha traducido en el
“acuerdo histórico energético” suscrito entre el Pentágono y un particular que
hasta el día de ayer era objeto de persecución judicial en España, Inglaterra y
Suiza.
Los
funcionarios del gobierno venezolano se ufanan de haber creado las condiciones
necesarias para que vengan las inversiones extranjeras. Un marco legislativo
para que las empresa sepan a qué atenerse, algo que pudiera confundirse con la
seguridad jurídica. El chavismo nunca tuvo una política de Estado frente al
petróleo. El futuro de Petróleos Venezuela, como alguien lo predijo, será el de
una agencia que otorga concesiones. Ya lo estamos viendo.
De la misma
forma en que el señor Maduro le entregó, en su hora, el petróleo a Cuba, Rusia
y China, traspasando una línea roja que amenazaba los intereses de los Estados
Unidos, al día de hoy, Delcy Rodríguez se lo entrega, de la forma más ominosa y
humillante, a quien hasta el pasado 3 de enero, era un enemigo a muerte.
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